A 60 años de los bombardeos sobre Plaza de Mayo "Nosotros dimos, todavía en el año 1954, una prueba más de apoyo popular con que contábamos. El candidato a Vicepresidente de La Nación de nuestro movimiento, obtuvo las dos terceras partes de los votos, en la elección nacional de ese año. Pero la oposición ya había tomado su sangriento camino. Sólo las armas y la violencia podían conducirla al poder. En esa senda continuaron. Además contaba con un nuevo y secreto aliado. En realidad, siempre habría sido su cómplice. Sólo que había simulado, una aparente neutralidad por razones de conveniencia. Pero en el fondo de su corazón siempre había estado del lado de los poderosos sectores oligárquicos: la alta clerecia de la Iglesia Nacional. Ojo: y mucho cuidado. Que la baja clerecia, los curas de parroquia, estaban, estuvieron y están con el pueblo. Siempre estuvieron con él. El problema vino con “los de arriba”, con los que se visten “de colorado”. Estos no surgen del pueblo. No pertenecen a él. Ni lo entienden. Son la “aristocracia” de la iglesia. A estos señores, se les unió un pequeño grupo de oficiales del ejército y otros de la aeronáutica. Con marina era otra cosa. Siempre la oligarquía pudo contar con ella. Movidos por su espíritu “aristocratizante” la marina había estado desde un comienzo en contra nuestro y a favor de la oligarquía. Así se forjó el nuevo “frente de la oposición”. Con elementos que acabo de agregar, sumados a los “terroristas” que ya venían operando con anterioridad. Movidos por la mayor buena fe, pretendimos un acercamiento con todos los sectores del quehacer nacional e hicimos un llamamiento público en ese sentido. Fue una pérdida de tiempo. La escalada terrorista continuó y finalmente desembocó, el 16 de junio, en una “masacre” de pueblo en plena Plaza de Mayo. Allí se habían reunido los trabajadores con sus familias, para un acto al aire libre, cuando fueron bombardeados por aviones de la marina y la aeronáutica. Fue un acto salvaje que causó cientos de muertos." Juan Domingo Perón El bombardeo de una ciudad abierta por parte de fuerzas armadas del propio país es un acto de terrorismo que registra pocos antecedentes en la historia mundial. No hay antecedentes, en efecto, de que miembros de las fuerzas armadas de un país, con la connivencia de sectores políticos y eclesiásticos, descargaran sus bombas y ametrallaran a la pacífica población civil, como forma de implantar el terror y el escarmiento para lograr la toma del poder. Por otra parte, las ciudades argentinas jamás habían sido ni fueron luego bombardeadas por fuerzas extranjeras. El furor fratricida se abatió el jueves 16 de junio de 1955 en el marco de una tentativa de golpe de Estado, centrándose particularmente en civiles inermes o muy pobremente armados en defensa de un gobierno no solo legítimamente constituido, sino también sustentado por un apoyo popular hasta entonces inédito en los anales de la historia nacional. Desde aviones fueron lanzadas más de cien bombas —con un total de entre 9 y 14 toneladas de explosivos— la mayoría de ellas sobre las plazas de Mayo y Colón y la franja de terreno comprendida entre las avenidas Leandro N. Alem y Madero, desde el Ministerio de Ejército (Edificio Libertador) y la Casa Rosada, en el sureste, hasta la Secretaría de Comunicaciones (Correo Central) y el Ministerio de Marina, en el noroeste. Las acciones bélicas planeadas por los mensajeros de la muerte en aquel fatídico día tenían el descabellado propósito de bombardear la zona céntrica de la Plaza de Mayo con el fin de matar al Presidente y a sus ministros al precio de destruir la Casa de Gobierno con todos sus ocupantes y causar en sus alrededores muertes y daños, desaprensivamente y sin importar su costo humano. "A pesar de las bombas... de los fusilamientos... los compañeros muertos y los desaparecidos... no nos han vencido"
"Deseo que mis primeras palabras sean para encomiar la acción maravillosa que ha desarrollado el Ejército, cuyos componentes han demostrado ser verdaderos soldados, ya que ni un solo Cabo ni soldado ha faltado a su deber. No hablemos ya de los Oficiales y de los Jefes, que se han comportado como valientes y leales. Desgraciadamente, no puedo decir lo mismo de la Marina de Guerra, que es la culpable de la cantidad de muertos y heridos que hoy debemos lamentar los argentinos. Pero lo más indignante es que haya tirado a mansalva contra el Pueblo como si su rabia no se descargase sobre nosotros, los soldados, que tenemos obligación de pelear, sino sobre los humildes ciudadanos que poblaban las calles de nuestra ciudad. Es indudable que pasarán los tiempos, pero la historia no perdonará jamás semejante sacrilegio. Ahora, terminada la lucha, los últimos aviones, como de costumbre, pasaron huyendo. Estos últimos disparos de artillería antiaérea que han escuchado han sido sobre esos aviones fugitivos. Quedan todavía algunos pequeños focos que ocupar, desarmar y someter a la justicia. Como Presidente de la República, pido al Pueblo que me escuche en lo que voy a decirle. Nosotros, como Pueblo civilizado, no podemos tomar medidas que sean aconsejadas por la pasión, sino por la reflexión. Todo ha terminado. Afortunadamente, bien. Solamente que no podremos dejar de lamentar, como no podremos reparar, la cantidad de muertos y heridos que la infamia de estos hombres ha desatado sobre nuestra tierra de argentinos. Por eso, para no ser nosotros criminales como ellos, les pido que estén tranquilos: que cada uno vaya a su casa. La lucha debe ser entre soldados. Yo no quiero que muera un solo hombre más del Pueblo. Yo les pido a los compañeros trabajadores que refrenen su propia ira: que se muerdan, como me muerdo yo en estos momentos, que no cometan ningún desmán. No nos perdonaríamos nosotros que a la infamia de nuestros enemigos le agregáramos nuestra propia infamia. Por eso yo les pido a todos los compañeros que estén tranquilos, que festejen ya el triunfo, el triunfo del Pueblo, que es el único triunfo que puede enorgullecernos. El Ejército en esta jornada se ha portado como se ha portado siempre. No ha defeccionado un solo hombre. Y el Ministro de Ejército ha tomado personalmente y dirigido personalmente la defensa. Este Ministro es un grande hombre. No lo digo ahora: lo conozco desde que tenía 15 años. Todos los Generales de la República, los Jefes, Oficiales, Suboficiales y Soldados han sabido cumplir brillantemente con su deber. Cumplo con esto una pasión más de mi vida: que nuestro Ejército sea amado por el Pueblo y nuestro Pueblo amado por el Ejército. Nadie podrá decir nunca jamás que un soldado del Ejército ha tirado sobre sus hermanos, como nadie podrá decir jamás que hay un Jefe o un Oficial en el Ejército que sea tan canalla como para tirar un solo tiro sobre sus hermanos. Por eso yo quiero que en esta ocasión, en que sellamos la unión indestructible entre el Pueblo y el Ejército, cada uno de ustedes, hermanos argentinos, levante en su corazón un altar a este Ejército, que no solamente ha sabido cumplir con su deber, sino que lo ha hecho heroicamente. Esos soldados que hoy combatieron por el Pueblo Argentino son los verdaderos soldados. Los que tiraron contra el Pueblo no son ni han sido jamás soldados argentinos: porque los soldados argentinos no son traidores ni cobardes, y los que tiraron contra el Pueblo son traidores y son cobardes." 17-06-55 Juan Domingo Perón, luego del bombardeo de la Plaza de Mayo.
Algunas reflexiones de Ignacio Politzer en el blog www.losoperariosdelplan.wordpress.com
El 16 de junio de 1955 fue un día muy largo para la Argentina. De esos días que no logran terminar pese al paso de las horas.
Al mediodía alrededor de 40 aviones de la marina de guerra tuvieron su bautismo de fuego bombardeando a civiles en la plaza más importante de su país. Lo querían matar a Perón, pero no pudieron. Dejaron un tendal de alrededor de 350 muertos, cifra que nunca se pudo saber con exactitud. Era el mediodía, los laburantes del microcentro porteño salían a comer el almuerzo y ahí aparecieron, como si fuera algo posible, estos aviones que empezaron a descargar sus bombas hacia la ciudad. ¿Serían los brasileros, los norteamericanos, los ingleses? No. Era la Armada Argentina. Querían hacer una golpe de Estado porque entendían que Perón había llevado al país a un colapso. Hoy le dicen grieta. Le echaron la culpa a Perón, por los muertos, como le echaban la culpa de todo. Los sectores que no apoyaban al gobierno no salieron el 17 de junio a decir: “muchachos se pasaron de la raya”. No, con el silencio permitieron que esta situación y las que iban a venir integraran el paisaje de nuestro país. Un bombardeo a la plaza de mayo. Era difícil de tapar. Pero con la quema de algunas iglesias católicas, realizada como respuesta nocturna a lo que había ocurrido el mediodía encontraron la mejor de las excusas para no hablar nunca más de aviones tirando bombas a argentinos. Los medios de comunicación y los libros de historia empezaron a resaltar esta quema de los templos como el hecho que tendría que definir como se pensara a futuro la figura de un presidente que no tenía que estar ni un minuto más en el cargo. Habían bombardeado la plaza y ahora lo iban a tapar con un poco de tinta.
La Argentina de aquella época se encontraba en un momento de crisis económica fundamentalmente generada por la falta de mercados a partir de una decisión geopolítica norteamericana de no permitir que los países que se beneficiaban del plan marshall en Europa compraran productos argentinos. Un candado importante que hacía crujir la economía. Desde ese lugar hay que entender las ligazones con España, que además de nuestra madre patria, era el país europeo de las posguerra que no se beneficiaba del famoso plan norteamericano de reconstrucción. Estábamos todavía lejos de la posibilidad del comercio sur-sur aunque ya algunos lo pensaban. En esa Argentina del peronismo, a la que le tocó convivir hostilmente con el primer momento de la expansión del imperio más importante del siglo XX y XXI, la Iglesia, colocada del lado occidental y cristiano, comenzaba a construir una alternativa al peronismo (al que interpretaban algunos como comunismo). Esta construcción no se hizo sólo en Argentina sino en toda América Latina con la construcción de alternativas políticas a las que denominaron partidos de democracia cristiana. Sabemos que fundamentalmente en Chile y Venezuela tuvieron eco, pero en Argentina no prosperaron como opción política. Debido a que Perón al visualizar esto comenzó a orientar su política hacia una amplitud religiosa, lo que en definitiva buscaba salirse del esquema católico con el que había empezado en política. El vaticano puso mucho dinero para formar estos partidos políticos y para sumarse a las críticas al peronismo, muchos curas usaron sus púlpitos para hacer eso y transformaron las iglesias en verdaderos centros de acción política. Esta jugada lo único que hizo fue ensalzar los ánimos de los más aventureros que se animaron a ponerle a los aviones la cruz y la V en alusión a la disputa entre peronismo y religión. Pero como siempre sin comprender el contexto no hay posibilidades de entender realmente el conflicto.
Luego la historiografía hizo lo suyo como tantas veces. Se había ninguneado el exterminio de los pueblos originarios, se había ninguneado la masacre contra los caudillos federales y las montoneras, se había ninguneado el genocidio al pueblo paraguayo, cómo no iban a poder con esto. Y lo hicieron, desde los más derechosos hasta Halperín Donghi, todos minimizando un hecho realmente increíble e inédito. Contestar a algo chocante que victimiza a su enemigo con algo peor. Eso fue lo que hicieron con la quema de iglesias. Y es lo que vienen haciendo sistemáticamente. Como recuerdo de nuestro tiempo hay que acordarse de marzo de 2004 cuando Nestor Kirchner ordenó bajar los cuadros de Videla y compañía, y al otro día, para ocultar una manifestación abrumadora y un apoyo popular indudable apareció muerto Axel Blumberg y comenzó la cruzada contra la inseguridad. Si no puedes contra lo que ha hecho tu enemigo inventa algo mayor que lo quite del centro. Sigue pasando.
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