EFEMÉRIDES: 26 de Julio de 1952 - A 63 años del fallecimiento de la jefa espiritual del
Movimiento Nacional Justicialista - Compañera Eva Duarte de Perón
Hace 63 años pasaba a la inmortalidad Eva Perón la señora de los humildes y abanderada de
los pobres. Fue una activa impulsora y celosa guardiana de la revolución justicialista. Esposa,
amiga y compañera de Juan Domingo Perón, fundadora del Movimiento Peronista Femenino,
activa impulsora del voto femenino y la igualdad de la mujer, creó la Fundación Eva Perón con
el cual dio un gran “abrazo de justicia y amor al Pueblo”, como ella misma la definìa. Amada por
los pobres y las clases trabajadoras, fue el gran signo de escándalo y locura para las
oligarquías, los vendepatria y los sabios y privilegiados. En su funeral, fue despedida por la
expresión de dolor popular más multitudinaria y numerosa de la historia argentina.
Recordamos parte de su pensamiento escrito:
LAS MUJERES Y MI MISION
Mi trabajo en el movimiento femenino nació y creció, lo mismo que mi obra de ayuda social y
que mi actividad sindical: poco a poco y más bien por fuerza de las circunstancias que por
decisión mía. No será esto lo que muchos se imaginan que ocurrió... pero es la verdad.
Más romántico o más poético o más literario y novelesco sería que yo dijese por ejemplo que
todo lo que hago ahora lo intuía... como una vocación o como un destino especial.
¡Pero no es así! Lo único que traje al campo de estas luchas como preparación fueron
sentimientos como aquellos que me hacían pensar en el problema de los pobres y de los ricos.
Pero nada más. Nunca imaginé que me iba a tocar algún día encabezar un movimiento
femenino en mi país y menos aun un movimiento político. Las circunstancias me abrieron el
camino. ¡Ah! Pero yo no me quedé en mi cómodo lugar de Eva Perón. Camino que se abrió
entre mis ojos fue camino que tomé, si andar por él podía ayudar un poco a la causa de Perón,
que es la causa del pueblo. Yo me imagino que muchas otras mujeres han visto antes que yo
los caminos que recorro. La única diferencia entre ellas y yo es que ellas se quedaron y yo me
largué. En realidad yo debo confesar que si me animé a la lucha no fue por mí sino por él... ¡por
Perón! él me animó a subir. ¡Me sacó de la "bandada de gorriones"!
Me enseñó mis primeros pasos de todas mis andanzas.
Después, no me faltó nunca el estímulo poderoso y extraordinario de su amor.
Reconozco, ante todo, que empecé trabajando en el movimiento femenino porque así lo exigía
la causa de Perón. Todo comenzó poco a poco. Cuando me di cuenta presidía ya un
movimiento político femenino... y, sobre la marcha, tuve que aceptar la conducción espiritual de
las mujeres de mi Patria. Esto me exigió meditar los problemas de la mujer. Y más que
meditarlos me exigió sentirlos y sentirlos a la luz de la doctrina con la que Perón empezaba a
construir una Nueva Argentina. Recuerdo con qué extraordinario cariño de amigo y de maestro
fue el General Perón mostrándome los infinitos problemas de la mujer en mi Patria y en el
mundo. En esas conversaciones advertí una vez más lo genial de su figura.
Millones de hombres han pasado como él frente al problema cada vez más agudo de la mujer
en la humanidad de este siglo angustiado, y creo que muy pocos se han detenido y lo han
penetrado como él, como Perón, hasta lo más íntimo.
él me enseñó en esto, como en todas las cosas, el camino.
Las feministas del mundo dirán que empezar así un movimiento femenino es poco femenino...
¡empezar reconociendo en cierto modo la superioridad de un hombre!
No me interesa sin embargo la crítica.
Además, reconocer la superioridad de Perón es una cosa distinta.
¡Además... me he propuesto escribir la verdad!
QUISIERA MOSTRARLES UN CAMINO
Lo primero que tuve que hacer en el movimiento femenino de mi Patria, fue resolver el viejo
problema de los derechos políticos de la mujer.
Durante un siglo -el siglo oscuro y doloroso de la oligarquía egoísta y vende patria- políticos de
todos los partidos prometieron muchas veces dar el voto a la mujer. Promesas que nunca
cumplieron, como todas las que ellos hicieron al pueblo.
Tal vez fue eso una suerte.
Si las mujeres hubiésemos empezado a votar en los tiempos de la oligarquía, el desengaño
hubiese sido demasiado grande... ¡Tan grande como el engaño mismo de aquellas elecciones
en la que todo desmán, todo fraude y toda mentira eran normales!
Mejor que no hayamos tenido entonces ningún derecho. Ahora tenemos una ventaja sobre los
hombres: ¡No hemos sido burladas...! ¡No hemos entrado en ninguna rara confabulación
política! No nos ha manoseado todavía la lucha de ambiciones...
Y, sobre todo, nacemos a la vida cívica bajo la bandera de Perón, cuyas elecciones son modelo
de pureza y honradez, tal como lo reconocen incluso sus más enconados adversarios, que sólo
se rinden a la verdad cuando no es posible inventar ya una sola mentira.
Hoy la mujer argentina puede votar y... yo no voy a repetir la frase de un político que al ofrecer
a sus conciudadanos una ley electoral dijo demasiado solemnemente:"- Sepa el pueblo votar."
No. Yo creo que el pueblo siempre supo votar. Lo malo es que no siempre le fue posible votar.
Con la mujer sucede lo mismo.
Y sabrá votar. Aunque no es fundamental en el movimiento femenino, el voto es su instrumento
poderoso y con él las mujeres del mundo tenemos que conquistar todos nuestros derechos... o
mejor dicho el gran derecho de ser simplemente mujeres y poder cumplir así, en forma total y
absoluta, la misión que como mujeres debemos cumplir en la humanidad.
Lo que yo creo que no podemos olvidar jamás es una cosa que siempre repite Perón a los
hombres...: que el voto, vale decir la "política", no es un fin sino u medio...
Yo creo que los hombres, en su gran mayoría, sobre todo en los grandes partidos políticos, no
entendieron nunca bien esto. Nuestro destino de mujeres depende de que no hagamos lo
mismo.
Pero... yo no quiero detenerme tanto en este asunto de los derechos políticos de la mujer.
Más que eso me interesa ahora la mujer misma.
Siento que necesita salvarse.
Yo quisiera mostrarle un camino.
UNA IDEA
Porque en realidad con las mujeres debe suceder lo mismo que con los hombres, las familias o
las naciones: mientras no son económicamente libres, nadie les asigna ningún dinero.
Me imagino que mucha gente verá en esta opinión mía, muy personal y muy mía, un concepto
demasiado materialista.
Y no es así. Yo creo en los valores espirituales. Por otra parte, eso es lo que nos enseña la
doctrina justicialista de Perón. Por eso mismo, porque creo en el espíritu, considero que es
urgente conciliar en la mujer su necesidad de ser esposa y madre con esa otra necesidad de
derechos que como persona humana digna lleva también en lo más íntimo de su corazón.
Y un principio de solución pienso yo que será aquella pequeña independencia económica de la
que he hablado.
Si no hallamos una solución a nuestro dilema, pronto sucederá en el mundo una cosa
inconcebible: sólo aceptarán constituir un hogar verdadero (no medio hogar o medio
matrimonio) las mujeres menos capaces... las que no encuentren fuera del matrimonio o del
hogar otra solución "económica" que sustente sus derechos mínimos.
Descenderá entonces la jerarquía de madre de familia al nivel de lo ridículo. Se dirá -y ya se
está diciendo- que sólo las tontas queman las naves casándose, creando un hogar, cargándose
de hijos.
¡Y eso no puede suceder en el mundo!
Son los valores morales los que han quebrado en esta actualidad desastrosa: y no serán los
hombres quienes los restituyan a su antiguo prestigio... y no serán tampoco las mujeres
masculinizadas. No. ¡Serán otra vez las madres!
Esto no sé como probarlo, pero lo siento como una verdad absoluta.
Pero ¿cómo conciliar todas las cosas?
Para mí sería muy sencillo y no sé si por demasiado sencillo me parece demasiado fácil y a lo
mejor... impracticable; aunque muchas veces he visto cómo las cosas que todos estiman
demasiado simples son la clave del éxito, el secreto de la victoria.
Pienso que habría que empezar por señalar para cada mujer que se casa una asignación
mensual desde el día de su matrimonio.
Un sueldo que pague a las madres toda la nación y que provenga de los ingresos de todos los
que trabajan en el país, incluidas las mujeres.
Nadie dirá que no es justo que paguemos un trabajo que, aunque no se vea, requiere cada día
el esfuerzo de millones y millones de mujeres cuyo tiempo, cuya vida se gasta en esa
monótona pero pesada tarea de limpiar la casa, cuidar la ropa, servir la mesa, criar los hijos...,
etc.
Aquella asignación podría ser inicialmente la mitad del salario medio nacional y así la mujer
ama de casa, señora del hogar, tendría un ingreso propio ajeno a la voluntad del hombre.
Luego podrían añadirse a ese sueldo básico los aumentos por cada hijo, mejoras en caso de
viudez, pérdida por ingreso a las filas del trabajo, en una palabra todas las modalidades que se
consideren útiles a fin de que no se desvirtúen los propósitos iniciales.
Yo solamente lanzo la idea. Será necesario darle forma y convertirla, se conviene, en realidad.
Yo sé que para nosotros, las mujeres de mi Patria, el problema no es grave ni urgente.
Por eso no quiero llevar todavía esta idea al terreno de las realizaciones. Será mejor que la
idea sea meditada por todas. Cuando llegue el momento la idea estará madura.
La solución que yo aporto es para que no se sienta menos la mujer que funda un hogar que la
mujer que gana su vida en una fábrica o en una oficina.
Pero no es toda la solución del viejo problema. Hay que añadir a ella una mejor utilización del
progreso y de la técnica al servicio del hogar.
Y es necesario elevar la cultura general de la mujer para que todo eso: independencia
económica y progreso técnico sepa usarlo en beneficio de sus derechos y de su libertad sin
que pierda de vista su maravillosa condición de mujer; lo único que no puede y que no debe
perder jamás si no quiere perderlo todo.
Todo esto me recuerda un poco aquello que fue el programa básico de Perón en su lucha por
la liberación de los obreros.
él decía que era menester elevar la cultura social, dignificar el trabajo y humanizar el capital.
Yo, imitándolo siempre, me permito decir que para salvar a la mujer y por lo tanto al hogar es
necesario también elevar la cultura femenina, dignificar el trabajo y humanizar su economía
dándole cierta independencia individual mínima.
Solamente así, la mujer podrá prepararse para ser esposa y madre tal como se prepara para
ser una dactilógrafa...
Así se salvarán muchas mujeres de la delincuencia y la prostitución que son fruto de su
esclavitud económica.
Así se salvará el hogar del desprestigio y le dará verdadera jerarquía de piedra fundamental de
la humanidad.
Sé que mi solución es más bien una puerta que un camino. Veo que es todavía poco lo que ella
significa y que es incompleta. Creo que es necesario hacer mucho más todavía que eso.
Porque no se trata de devolver al hogar un prestigio que nunca tuvo sino de darle el que nunca
conoció.
Yo he tenido que crear muchos institutos donde se cuida a los niños, queriendo sustituir una
cosa que es insustituible: una madre y un hogar. Pero sueño siempre con el día en que no sean
ya necesarios... cuando la mujer sea lo que debe ser; reina y señora de una familia digna, libre
de toda necesidad económica apremiante.
Para que ese día llegue es necesario que el movimiento femenino de cada país y del mundo
entero se una en el esfuerzo que tiende a realizar el gran objetivo; y que el Justicialismo sea
una realidad en todas partes. De nada nos valdría un movimiento femenino organizado en un
mundo sin justicia social.
Sería como un gran movimiento obrero en un mundo sin trabajo. ¡No serviría para nada!
-Eva Perón, “la razón de mi vida”
LA INTUICION DE LA MUJER
El General, en su discurso inaugural, hizo un elogio a la intuición femenina; yo creo también en
la intuición femenina de una manera especial y me permito recurrir a esa intuición en esta
escuela en que las alumnas y alumnos de una cultura superior pueden colaborar conmigo para
tratar de profundizar y de ahondar nuestra historia del peronismo. La intuición no es para mí
otra cosa que la inteligencia del corazón; por eso es también facultad y virtud de las mujeres,
porque nosotras vivimos guiadas más bien por el corazón que por la inteligencia. Los hombres
viven de acuerdo con lo que razonan; nosotras vivimos de acuerdo con lo que sentimos; el
amor nos domina el corazón, y todo lo vemos en la vida con los ojos del amor. Yo aquí, como
mujer y como peronista, voy a tratar de profundizar la historia del peronismo con el corazón.
Los hombres sienten y sufren menos que nosotras; no es un defecto, la naturaleza que es
sabia sabrá por qué lo ha hecho. Pero nosotras las mujeres, cuando amamos a un niño,
cuando amamos a un anciano, tratamos de consolidar su felicidad. Los hombres con más
facilidad pueden destruir, pueden matar. Porque ellos no saben lo que cuesta un hombre;
nosotras, sí.
-Eva Perón, ”Historia del Peronismo”
PERON ES BANDERA DE LA HUMANIDAD
Perón no sólo es esperanza para los argentinos. Perón ya no nos pertenece; Perón es bandera
para todos los pueblos con sed de justicia, con sed de reivindicaciones y con sed de igualdad.
Yo he podido comprobar cómo nos envidian muchos porque lo tenemos a Perón; cómo nos
quieren otros por lo mismo y cómo disfrutan otros en que haya tantos malos argentinos,
creyendo que los malos argentinos serán más y que lo dejarán pasar a Perón, para poder
cumplir ellos su política de imperialismo, ya sea de derecha o de izquierda. Los que las
disfrutan son las fuerzas del mal en esta Argentina en que los argentinos nos sentimos
orgullosos, pero no como antes, por una cuestión de novelería, porque no éramos argentinos
con dignidad. Hoy somos argentinos en toda la extensión de la palabra. Somos los argentinos
que soñaron los patriotas de ayer, somos los argentinos ya reivindicados, a quienes ha
colocado en el sitio de privilegio, el genio, el creador, el conductor, el guía: el general Perón.
-Eva Perón, ”Historia del Peronismo”
EL ESPIRITU OLIGARCA EN LA HISTORIA
Yo le tengo miedo al espíritu oligarca, por una simple razón. El espíritu oligarca se opone
completamente al espíritu del pueblo. Son dos cosas totalmente distintas, como el día y la
noche, como el aceite y el vinagre. Vamos a demostrar el espíritu oligarca en la historia,
trayendo algunos ejemplos. Yo, en mis luchas diarias –y ustedes lo habrán visto- para ser una
buena peronista, trato de ser más humilde, trato de arrojar fuera de mí cualquier vanidad que
pudiera albergar mi corazón. Yo no podría ser la esposa del General Perón, ni buena peronista,
si tuviera vanidad, orgullo y, sobre todo, ambición, porque la ambición es el espíritu oligarca
que perdería completamente a nuestro movimiento. Yo no sé qué pensarán de mi los
historiadores y los que comentan la historia, pero yo creo firmemente –y de esta idea no me
podrán sacar- que la causa de todos los males de la historia de los pueblos es, precisamente,
el predominio del espíritu oligarca sobre el predominio del espíritu del pueblo. ¿Cuál es el
espíritu oligarca? Para mí, es el afán de privilegio, es la soberbia, es el orgullo, es la vanidad y
es la ambición; es decir, lo que hizo sufrir en Egipto a millares y millares de esclavos que vivían
y morían construyendo las pirámides; es el orgullo, la soberbia y la vanidad de unos cuantos
privilegiados que hacían sufrir en Grecia y en Roma a los ilotas y a los esclavos; es el espíritu
de oligarca de unos pocos espartanos y aristócratas y de unos pocos patricios que gobernaban
a Esparta, a Atenas y a Roma; el sufrimiento de millones y millones de hindúes se debió al
orgullo de las sectas dominantes; el dolor de la Edad Media se debió a la soberbia de los
señores feudales, de los reyes y de los emperadores ambiciosos, que sólo pensaban en
dominar a sus iguales; el sufrimiento que provocó la rebeldía del pueblo francés en 1789, la
Revolución Francesa, tiene su causa en los privilegios de la nobleza y del alto clero; la Rusia
de los zares, que hizo nacer en el mundo la revolución comunista, es otra expresión más de los
sufrimientos que ha provocado el espíritu oligarca, la vanidad, la ambición, el egoísmo y el
orgullo de unos pocos aplastando a las masas. El peronismo que triunfa el 17 de Octubre es la
primera victoria real del espíritu del pueblo sobre la oligarquía. La Revolución Francesa, tal
como la historia lo atestigua –y yo trato de profundizarla y de leer mucho de lo que se ha
escrito- no fue realizada por el pueblo, sino por la burguesía. Esto no lo recordamos muy
frecuentemente. La burguesía explotó el desquicio real en ese pueblo hambriento, desposeído
y es por eso que preferimos recordar de la Revolución Francesa tres palabras de su lema:
Libertad, Igualdad y Fraternidad, tres hermosas palabras de los intelectualoides franceses que
decían cosas muy hermosas, pero que realizaban muy poco. Y es por eso que nos olvidamos
de algo extraordinario. Nos olvidamos que la Constitución de 1789 prohibía la agremiación.
¿Puede una revolución ser del pueblo, cuando dicta una Constitución prohibiendo la
agremiación? El pueblo siguió a la burguesía, pero ésta no respondió honrada y lealmente a
ese pueblo, que se jugó la vida en la calle.La Revolución Francesa quiso suprimir, y lo
consiguió, hasta con la guillotina, al privilegio aristocrático, pero trajo al mundo el concepto de
la libertad individual absoluta, creando con ese concepto otros privilegios, como el de la
riqueza, que condujo luego rápidamente al capitalismo. La revolución rusa también quiso
suprimir a la oligarquía aristocrática, utilizando para ello al pueblo, cuya reacción violenta
provocó también la muerte de los zares. Pero después se creó en Rusia una nueva oligarquía:
la de unos cuantos hombres que no consultan al pueblo, sino que simplemente lo llevan hacia
donde quieren. Ellos no hacen lo que el pueblo quiere, sino que el pueblo tiene que hacer lo
que ellos quieren. Creo que hay una pequeña diferencia… Tan oligárquico es el sistema feudal
como el absolutismo de los reyes, como el sistema de casta que imperó en nuestro país,
sistema cerrado con la "Yale" de los apellidos ilustres que nosotros conocemos. Tanto más
ilustres esos apellidos cuanto más dinero tenían en el Banco. Tan oligárquico es el sistema
capitalista que domina desde Wall Street como el sistema comunista imperante en Rusia. Por
ello, afirmo que el peronismo nacido el 17 de Octubre es una victoria del auténtico pueblo sobre
la oligarquía. Y para que esa victoria no se pierda, como se perdió la Revolución Francesa y la
revolución rusa, es necesario que los dirigentes del movimiento peronista no se dejen
influenciar por el espíritu oligarca. Es necesario, para ello, que todas estas cosas que decimos
no caigan en el vacío. Yo a veces observo que cuando se dicen cosas importantísimas, nos las
aplauden, si tenemos razón, pero en la práctica hacen esos mismos que aplaudieron todo lo
contrario. Hay que aplaudir y gritar menos y actuar más. Claro que al decir esto hablo en
general. Nuestro movimiento es muy serio, porque tenemos un hombre, el General Perón, que
está quemando su vida por legarnos consolidada su doctrina y por entregarnos y depositar en
nuestras manos la bandera justicialista y una Patria socialmente justa, económicamente libre y
políticamente soberana.
EL HAMBRE Y LOS INTERESES
El arma de los imperialismos es el hambre. Nosotros, los pueblos sabemos lo que es morir de
hambre.
El talón de Aquiles del imperialismo son sus intereses. Donde esos intereses del imperialismo
se llamen "petróleo" basta, para vencerlos, con echar una piedra en cada pozo. Donde se llame
cobre o estaño basta con que se rompan las máquinas que los extraen de la tierra o que se
crucen de brazos los trabajadores explotados...
¡No pueden vencemos! Basta con que nos decidamos. Así quiso que fuese Perón entre
nosotros y vencimos. Ya no podrán jamás arrebatarnos nuestra justicia, nuestra libertad y
nuestra soberanía. Tendrían que matarnos uno por uno a todos los argentinos. Y eso ya no
podrán hacerlo jamás.
EL ODIO Y EL AMOR
En años de lucha he aprendido cómo juegan su papel en el gobierno de los pueblos las fuerzas
políticas nacionales e internacionales, las fuerzas económicas y espirituales de la tierra, y cómo
se disfrazan las ambiciones de los hombres. Yo he visto a Perón enfrentándolos de pie, sereno
e imperturbable, mirando siempre más allá de su vida y de su tiempo, con los ojos puestos
exclusivamente en la felicidad de su pueblo y en la grandeza de su Patria. Nada ni nadie pudo
ni podrá apartarlo de su camino. Yo recuerdo cómo, en los primeros tiempos de su lucha, debió
enfrentar la calumnia que intentaba separarlo de sus descamisados: decían que él era un
peligro para el pueblo porque era militar. Algunos años después, como la calumnia no
prosperó, sus enemigos trataron de enfrentarlo con las fuerzas armadas. Decían que Perón
intentaba crear una fuerza en los trabajadores para sustituir el influjo militar en el Gobierno de
la República. Sobre todas estas cosas quiero decir la verdad ¡mi auténtica verdad! y espero
que alguna vez se imponga sobre tanta mentira, o por lo menos -aunque no me crean- sirva
para algo a los pueblos del mundo en sus luchas por la justicia y por la libertad. Declaro que
pertenezco ineludiblemente y para siempre a la "ignominiosa raza de los pueblos". De mí no se
dirá jamás que traicioné a mi pueblo, mareada por las alturas del poder y de la gloria. Eso lo
saben todos los pobres y todos los ricos de mi tierra, por eso me quieren los descamisados y
los otros me odian y me calumnian. Nadie niega en mi Patria que, para bien o para mal, yo no
me dejé arrancar el alma que traje de la calle. Por eso, porque sigo pensando y sintiendo como
pueblo, no he podido vencer todavía nuestro "resentimiento" con la oligarquía que nos explotó.
¡Ni quiero vencerlo! Lo digo todos los días con mi vieja indignación descamisada, dura y torpe,
pero sincera como la luz que no sabe cuando alumbra y cuando quema. Como el viento que no
distingue entre borrar las nubes del cielo y sembrar la desolación en su camino. No entiendo
los términos medios ni las cosas equilibradas. Sólo reconozco dos palabras como hijas
predilectas de mi corazón: el odio y el amor. Nunca sé cuando odio ni cuando estoy amando, y
en este encuentro confuso del odio y del amor frente a la oligarquía de mi tierra -y frente a
todas las oligarquías del mundo- no he podido encontrar el equilibrio que me reconcilie con las
fuerzas que sirvieron antaño entre nosotros a la raza maldita de los explotadores.
LOS ALTOS CÍRCULOS
Me rebelo indignada con todo el veneno de mi odio, o con todo el incendio de mi amor -no lo sé
todavía-, en contra del privilegio que constituyen todavía los altos círculos de las fuerzas
armadas y clericales. Tengo plena conciencia de lo que escribo. Sé lo que sienten y lo que
piensan de esos círculos los hombres y mujeres humildes que constituyen el pueblo. Todos los
pueblos de la humanidad. Yo no los condeno personalmente. Aunque personalmente me
combatieron y me combaten como enemiga declarada de sus propósitos y de sus intenciones.
En el fondo de mi corazón, yo no deseo otra cosa que salvarlos con mi acusación,
señalándoles el camino del pueblo por donde llega el porvenir de la humanidad.
Yo sé que la religión es el alma de los pueblos y que a los pueblos les gusta ver en sus
ejércitos la fuerza pujante de sus muchachos como garantía de su libertad y expresión de la
grandeza de su Patria. Pero sé también que a los pueblos les repugna la prepotencia militar
que se atribuye el monopolio de la Patria, y que no se concilian la humildad y la pobreza de
Cristo con la fastuosa soberbia de los dignatarios eclesiásticos que se atribuyen el monopolio
absoluto de la religión. La Patria es del pueblo, lo mismo que la Religión.
No soy antimilitarista ni anticlerical en el sentido en que quieren hacerme aparecer mis
enemigos. Lo saben los humildes sacerdotes del pueblo que me comprenden a despecho de
algunos altos dignatarios del clero rodeados y cegados por la oligarquía.
Lo saben los hombres honrados que en las fuerzas armadas no han perdido contacto con el
pueblo. Los que no quieren comprenderme son los enemigos del pueblo metidos a militares.
Ellos desprecian al pueblo y por eso desprecian a Perón, que siendo militar abrazó la causa del
pueblo aún a costa de abandonar en cierto momento su carrera militar.
Yo veo no sólo el panorama de mi propia tierra. Veo el panorama del mundo y en todas partes
hay pueblos sometidos por gobiernos que explotan a sus pueblos en beneficio propio o de
lejanos intereses. Y detrás de cada gobierno impopular he aprendido a ver ya la presencia
militar, solapada y encubierta o descarada y prepotente.
En este mensaje de mis verdades, no puedo callar esta verdad irrefutable que se cierne como
la más grande sombra cubriendo los horizontes de la humanidad.
Es necesario que los pueblos destruyan los altos círculos de sus fuerzas militares gobernando
a las naciones. ¿Cómo? Abriendo al pueblo sus cuadros dirigentes.
Los ejércitos deben ser del pueblo y servirlo. Deben servir a la causa de la justicia y de la
libertad. Es necesario convencerlos de que la Patria no es una geografía de fronteras más o
menos dilatadas sino que es el pueblo. La Patria sufre o es feliz en el pueblo que la forma. En
la hora de nuestra raza, en la hora de los pueblos, la Patria alcanzará su más alta verdad.
Es necesario que los ejércitos del mundo defiendan a sus pueblos sirviendo la causa de la
justicia y de la libertad. Solamente así se salvarán los pueblos de caer en el odio contra "eso"
que antes se llamaba Patria, y que era una mentira más ¡una bella mentira que inventó la
oligarquía cuando empezó a vender la dignidad del pueblo, es decir la dignidad augusta y
maravillosa de la Patria!
EL PUEBLO ES LA ÚNICA FUERZA
Yo no sé si no será posible que alguna vez el mundo cancele todo cuanto signifique una fuerza
de agresión y desaparezca la necesidad de sostener ejércitos para la defensa, pero mientras
eso -que sería lo ideal, acaso lo sobrenatural o lo imposible- no suceda, los pueblos del mundo
deben cuidar que sus fuerzas militares no se conviertan en cadenas o instrumentos de su
propia opresión. El ejército de mi Patria custodió en 1946 las elecciones que consagraron a
Perón presidente de los argentinos. En aquella ocasión, fueron sus militares una garantía para
el pueblo. A pesar de eso, yo considero que la función militar no debe ser en ningún caso
garantía cívica de la justicia y la libertad. Porque la fuerza suele tentar a los hombres, lo mismo
que el dinero. La garantía de la voluntad soberana del pueblo debe estar en el propio pueblo.
Sacarla de sus manos es reconocerle una debilidad que no existe, porque los pueblos
constituimos por nosotros mismos la fuerza más poderosa que poseen las naciones.
Lo único que debemos hacer es adquirir plena conciencia del poder que poseemos y no
olvidarnos de que nadie puede hacer nada sin el pueblo, que nadie puede hacer tampoco nada
que no quiera el pueblo.
¡Sólo basta que los pueblos nos decidamos a ser dueños de nuestros propios destinos!
Todo lo demás es cuestión de enfrentar al destino. ¡Basta eso para vencer! ¡Y si no que lo diga
nuestro pueblo!
SERVIR AL PUEBLO
En estos momentos el mundo es una inmensa fortaleza. Todos los gobiernos han sido
dominados por los altos círculos de sus fuerzas armadas. Así como la Edad Media fue clerical y
la iglesia gobernó sobre los pueblos por medio de los reyes y los reyes dominaron a los
pueblos valiéndose del clero, así en la Edad de nuestro siglo las fuerzas armadas mandan
sobre los pueblos infiltradas en los gobiernos de las naciones y los gobiernos oprimen y
sojuzgan y explotan a los pueblos valiéndose del instrumento colosal de sus ejércitos.
Todo es militar en este mundo nuestro. Yo no diría una sola palabra si las fuerzas armadas
fuesen instrumentos fieles al pueblo. Pero no es así: casi siempre son carne de oligarquía. O
porque la oligarquía copó los altos círculos de la oficialidad, o porque los oficiales a los que el
pueblo dio a sus fuerzas armadas se entregaron, olvidándose del pueblo, de sus dolores, y de
su inmenso dolor. Nosotros, el pueblo, tenemos que ganar las altas jerarquías de las fuerzas
armadas de las naciones. No se trata de destruirlas, aunque yo pienso que alguna vez serán
inútiles. Se trata de convertirlas al pueblo y después, cuando todos sus dirigentes -sus oficialessean
carne y alma del pueblo, habrá que permanecer alertas, vigilándolas para que no se
entreguen otra vez. No creo que la solución sea la que adoptaron los espartanos en los años
de su decadencia y que los generales tengan que ser elegidos por el pueblo. El pueblo sólo
tiene que elegir a sus gobernantes para que ellos hagan lo que el pueblo quiere. Los generales
deben servir al gobierno del pueblo con plena y absoluta conciencia de que nada en la Nación
puede sobreponerse ni oponerse a la voluntad del pueblo.
LA GRANDEZA O LA FELICIDAD
La patria no es patrimonio de ninguna fuerza. La patria es el pueblo y nada puede
sobreponerse al pueblo sin que corran peligro la libertad y la justicia. Las fuerzas armadas
sirven a la patria sirviendo al pueblo. El gran error de algunas fuerzas armadas consiste en
creer que servir a la patria es una cosa distinta. Entonces, en aras de lo que ellos creen que es
la patria, no les importa sacrificar al pueblo, sometiéndolo a las reglas de la prepotencia militar.
En todos los siglos de la historia ha sucedido lo mismo. El espíritu militar ha considerado que el
gran ideal de su existencia consistía en alcanzar la grandeza de la
Nación y que, ante ese objetivo supremo se justificaba todo, incluso sacrificar la felicidad del
pueblo. Perón nos ha enseñado que la felicidad del pueblo es lo primero; que no se puede
hacer la grandeza de un país con un pueblo que no tiene bienestar. Las fuerzas armadas del
mundo deben convencerse de esta absoluta verdad del peronismo. Si no es así, los pueblos
mismos, por su propia mano, con la conciencia plena de nuestro poderío insuperable, las
iremos borrando de la historia de la humanidad.
SOMOS MÁS FUERTES
Todas estas ideas y razones me llevan a decirle a mi pueblo y a todos los pueblos del mundo
en este mensaje de mis verdades: nadie puede más que nosotros. Somos más fuertes que
todas las fuerzas armadas de todas las naciones juntas. Si nosotros no queremos que la fuerza
bruta de las armas nos domine, no podrá dominarnos. Con las armas pueden matarnos, pero
morir de hambre es más doloroso, y nosotros sabemos lo que es morir por hambre! No podrán
matarnos. Los soldados son hijos nuestros y no se atreverán a tirar sobre sus madres aunque
los manden miles y miles de oficiales entregados y vendidos a la oligarquía. Podrán vencemos
un día, en la noche o de sorpresa, pero si al día siguiente nos largamos a la calle, o nos
negamos a trabajar, o saboteamos todo cuanto ellos quieran mandar; tendrán que resignarse a
devolvernos la libertad y la justicia. Si toda esta resistencia puede organizarse, mejor; si no, lo
mismo venceremos con tal de que tengamos plena conciencia de nuestro poderío soberano.
Debemos convencernos definitivamente de una sola cosa: de que el gobierno debe ser del
pueblo y que nadie sino el pueblo puede ocuparlo, porque, si no, no será tampoco para el
pueblo. La hora de los pueblos no será alcanzada por nuestro siglo si no exigimos participación
activa en el gobierno de las naciones.
Pero ¿cómo? Como nosotros lo hemos hecho en nuestra tierra, gracias a Perón. Llevando a los
obreros y a las mujeres del pueblo a los más altos cargos y responsabilidades del Estado.
Y cuidando después que los dirigentes políticos del pueblo y los dirigentes sindicales no
pierdan contacto con las masas que representan. Los gobernantes del pueblo deben seguir
viviendo con el pueblo. Es una condición fundamental para que los pueblos no empiecen a
sentirse traicionados. Y para gobernar con sentido real de lo auténticamente popular.
VIVIR CON EL PUEBLO
Es lindo vivir con el pueblo. Sentirlo de cerca, sufrir con sus dolores y gozar con la simple
alegría de su corazón. Pero nada de todo eso se puede si previamente no se ha decidido
definitivamente encarnarse en el pueblo, hacerse una sola carne con él para que todo dolor y
toda tristeza y angustia y toda alegría del pueblo sea lo mismo que si fuese nuestra.
Eso es lo que yo hice, poco a poco en mi vida. Por eso el pueblo me alegra y me duele. Me
alegra cuando lo veo feliz y cuando yo puedo añadir un poco de mi vida a su felicidad. Me
duele cuando sufre. Cuando los hombres del pueblo o quienes tienen obligación de servirlo en
vez de buscar la felicidad del pueblo lo traicionan. También tengo para ellos una palabra dura y
amarga en este mensaje de mis verdades. Yo los he visto marearse por las alturas. Dirigentes
obreros entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas
monedas. Los denuncio como traidores entre la inmensa masa de trabajadores de mi pueblo y
de todos los pueblos. Hay que cuidarse de ellos: son los peores enemigos del pueblo porque
han renegado de nuestra raza. Sufrieron con nosotros pero se olvidaron de nuestro dolor para
gozar la vida sonriente que nosotros les dimos otorgándoles una jerarquía sindical. Conocieron
el mundo de la mentira, de la riqueza, de la vanidad y en vez de pelear ante ellos por nosotros,
por nuestra dura y amarga verdad, se entregaron. No volverán jamás, pero si alguna vez
volviesen habría que sellarles la frente con el signo infamante de la traición.
LAS JERARQUÍAS CLERICALES
Entre los hombres fríos de mi tiempo señalo a las jerarquías clericales cuya inmensa mayoría
padece de una inconcebible indiferencia frente a la realidad sufriente de los pueblos. Declaro
con absoluta sinceridad que me duelen como un desengaño estas palabras de mi dura verdad.
Yo no he visto sino por excepción entre los altos dignatarios del clero generosidad y amor...
como se merecía de ellos la doctrina de Cristo, fuente que inspiró a la doctrina de Perón. En
ellos simplemente he visto mezquinos y egoístas intereses y una sórdida ambición de privilegio.
Yo los acuso desde mi indignidad, no para el mal sino para el bien. No les reprocho haberlo
combatido sordamente a Perón desde sus conciliábulos con la oligarquía. No les reprocho
haber sido ingratos con Perón, que les dio de su corazón cristiano lo mejor de su buena
voluntad y de su fe. Les reprocho haber abandonado a los pobres, a los humildes, a los
descamisados, a los enfermos, y haber preferido en cambio la gloria y los honores de la
oligarquía. Les reprocho haber traicionado a Cristo que tuvo misericordia de las turbas. Les
reprocho olvidarse del pueblo y haber hecho todo lo posible por ocultar el nombre y la figura de
Cristo tras la cortina de humo con que lo inciensan. Yo soy y me siento cristiana. Soy católica,
pero no comprendo que la religión de Cristo sea compatible con la oligarquía y el privilegio.
Esto no lo entenderé jamás. Como no lo entiende el pueblo. El clero de los nuevos tiempos, si
quiere salvar al mundo de la destrucción espiritual, tiene que convertirse al cristianismo.
Empezar por descender al pueblo. Como Cristo, vivir con el pueblo, sufrir con el pueblo, sentir
con el pueblo. Porque no viven ni sufren ni sienten ni piensan con el pueblo, estos años de
Perón están pesando sobre sus corazones sin despertar una sola resonancia. Tienen el
corazón cerrado y frío. ¡Ah, si supieran qué lindo es el pueblo, se lanzarían a conquistarlo para
Cristo que hoy, como hace dos mil años, tiene misericordia de las turbas!
LA RELIGIÓN
Cristo les pidió que evangelizasen a los pobres y ellos no debieron jamás abandonar al pueblo
donde está la inmensa masa oprimida de los pobres. Los políticos clericales de todos los
tiempos y en todos los países quieren ejercer el dominio y aún la explotación del pueblo por
medio de la iglesia y la religión. Muchas veces, para desgracia de la fe, el clero ha servido a los
políticos enemigos del pueblo predicando una estúpida resignación... que no sé todavía cómo
puede conciliarse con la dignidad humana ni con la sed de Justicia cuya bienaventuranza se
canta en el Evangelio. También el clero político pretende ejercer en todos los países el dominio
y aún la explotación del pueblo por medio del gobierno, lo que también es peligroso para la
felicidad del pueblo. Los dos caminos del clericalismo político y de la política clerical deben ser
evitados por los pueblos del mundo si quieren ser alguna vez felices. Yo no creo, como Lenín,
que la religión sea el opio de los pueblos. La religión debe ser, en cambio, la liberación de los
pueblos; porque cuando el hombre se enfrenta con Dios alcanza las alturas de su
extraordinaria dignidad. Si no hubiese Dios, si no estuviésemos destinados a Dios, si no
existiese religión, el hombre sería un poco de polvo derramado en el abismo de la eternidad.
Pero Dios existe y por El somos dignos, y por El todos somos iguales, y ante Él nadie tiene
privilegios sobre nadie. ¡Todos somos iguales! Yo no comprendo entonces por qué, en nombre
de la religión y en nombre de Dios, puede predicarse la resignación frente a la injusticia. Ni por
qué no puede en cambio reclamarse, en nombre de Dios y en nombre de la religión, esos
supremos derechos de todos a la justicia y a la libertad. La religión no ha de ser jamás
instrumento de opresión para los pueblos. Tiene que ser bandera de rebeldía. La religión está
en el alma de los pueblos porque los pueblos viven cerca de Dios, en contacto con el aire puro
de la inmensidad. Nadie puede impedir que los pueblos tengan fe. Si la perdiesen, toda la
humanidad estaría perdida para siempre. Yo me rebelo contra las "religiones" que hacen
agachar la frente de los hombres y el alma de los pueblos. Eso no puede ser religión. La
religión debe levantar la cabeza de los hombres. Yo admiro a la religión que puede hacerle
decir a un humilde descamisado frente a un emperador: "¡Yo soy lo mismo que Usted, hijo de
Dios!" La religión volverá a tener su prestigio entre los pueblos si sus predicadores la enseñan
así: como fuerza de rebeldía y de igualdad, no como instrumento de opresión. Predicar la
resignación es predicar la esclavitud. Es necesario, en cambio, predicar la libertad y la justicia.
¡Es el amor el único camino por el que la religión podrá llegar a ver el día de los pueblos!
LOS AMBICIOSOS
Enemigos del pueblo son también los ambiciosos. Muchas veces los he visto llegar hasta
Perón, primero como amigos mansos y leales, y yo misma me engañé con ellos, que
proclamaban una lealtad que después tuve que desmentir. Los ambiciosos son fríos como
culebras pero saben disimular demasiado bien. Son enemigos del pueblo porque ellos no
servirán jamás sino a sus intereses personales. Yo los he perseguido en el movimiento
peronista y los seguiré persiguiendo implacablemente en defensa del pueblo.
Son los caudillos. Tienen el alma cerrada a todo lo que no sean ellos.
No trabajan para una doctrina ni les interesa el ideal. La doctrina y el ideal son ellos. La hora de
los pueblos no llegará con ningún caudillo porque los caudillos mueren y los pueblos son
eternos. Por eso es grande Perón, porque no tiene otra ambición que la felicidad de su pueblo y
la grandeza de su Patria. Y porque ha creado una doctrina -una doctrina es un ideal- para que
su pueblo siga su doctrina y no su nombre.
Yo pienso, en cambio, que los pueblos cuando encuentran un hombre digno de ellos, no siguen
su doctrina, sino su nombre. Porque en el hombre y en el nombre ven encarnarse a la doctrina
misma y no pueden concebir la doctrina sin su creador.
Por eso yo no puedo concebir al justicialismo sin Perón, y por eso he declarado tantas veces
que yo soy peronista, no justicialista. Porque el justicialismo es la doctrina, en cambio el
peronismo es Perón y la doctrina. ¡La realidad viva que nos hizo y que nos hace felices!
Los caudillos en cambio, los ambiciosos, no tienen doctrina porque no tienen otra conducta que
su egoísmo. Hay que buscarlos y marcarlos a fuego para que nunca se conviertan en dueños
de la vida y las haciendas del pueblo. Yo los he conocido de cerca y de frente, y algunas veces
incluso me han engañado, por lo menos momentáneamente.
Hay que identificarlos y hay que destruirlos. La causa del pueblo exige nada más que hombres
del pueblo que trabajen para el pueblo, no para ellos. En esto se distinguen los ambiciosos: en
que trabajan para ellos, nada más que para ellos. Nunca buscan la felicidad del pueblo,
siempre buscan más bien su propia vanidad y enriquecerse pronto. El dinero, el poder y los
honores son las tres grandes "causas", los tres "ideales" de todos los ambiciosos. No he
conocido ningún ambicioso que no buscase alguna de estas tres cosas o las tres al mismo
tiempo. Los pueblos deben cuidar a los hombres que elige para regir sus destinos. Y deben
rechazarlos y destruirlos cuando los vean sedientos de riqueza, de poder o de honores. La sed
de riquezas es fácil de ver. Es lo primero que aparece a la vista de todos.
Sobre todo a los dirigentes sindicales hay que cuidarlos mucho.
Se marean también ellos y no hay que olvidar que cuando un político se deja dominar por la
ambición es nada más que un ambicioso; pero cuando un dirigente sindical se entrega al deseo
de dinero, de poder o de honores es un traidor y merece ser castigado como un traidor. El
poder y los honores seducen también intensamente a los hombres y los hacen ambiciosos.
Empiezan a trabajar para ellos y se olvidan del pueblo.
Esta es la única manera de identificarlos. El pueblo tiene que conocerlos y destruirlos.
Solamente así, los pueblos serán libres. Porque todo ambicioso es un prepotente capaz de
convertirse en un tirano. ¡Hay que cuidarse de ellos como del diablo!
NO QUISIERA MORIRME…
No quisiera morirme, por Perón y por mis descamisados. No por mí, que he vivido todo lo que
tenía que vivir. Perón y los pobres me necesitan.
¿Sabrán mis "grasitas" todo lo que yo los quiero?
-Eva Perón, “Mi Mensaje”.
“
¡Toquen suave, muchachos!
La serenata tiembla
frente al balcón en alto
donde la hermana duerme.
Tiene un suspiro tenue
que se anuda en la trenza.
Le dice adiós un pájaro.
Juan la besa en la frente.
Toquen suave, muchachos,
que el silencio nos duela,
cómo duelen las cosas
que se van y no vuelven.
Pero Ella vuelve siempre,
y ha de volver inmensa
cuando Juan, una tarde de mayo,
nos regrese...
¡Toquen suave, muchachos!
No se olviden que duerme.
Se han callado los astros.
La vida se detiene”.
-Cátulo Castillo
lunes, 27 de julio de 2015
martes, 21 de julio de 2015
El Consejo de la Magistratura, los jueces y las subrogaciones o “suplencias”.
El Consejo de la Magistratura, los jueces y las subrogaciones o “suplencias”.
El 18 de junio de 2015 se publicó la Ley 27.145 que regula el régimen de subrogaciones para los tribunales inferiores a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La subrogación (o suplencia) se da cuando un juez titular no puede ejercer su cargo, porque se jubiló, porque pidió licencia, porque se murió, o por cualquier otra causa que le impide desempeñar su función; entonces hay que designar a un suplente que se haga cargo del juzgado hasta que el juez titular vuelva (si puede), o hasta que se designe a otro titular, una vez terminado el concurso público. Durante todo el siglo XX, los encargados de designar subrogantes eran los jueces de las cámaras de apelación. Luego, con la reforma constitucional de 1994, se creó el Consejo de la Magistratura; y se le otorgó la función de administrar el Poder Judicial, realizar los concursos públicos para jueces y acusar a los jueces por mal desempeño. Con estas funciones, el Consejo pasó a ser una de las dos cabezas del Poder Judicial: por un lado, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y por otro, el Consejo. Designar a los jueces subrogantes o suplentes tiene que ver con el funcionamiento del Poder Judicial, por eso, es una cuestión de la administración (tal como pagar sueldos, acondicionar edificios para que los jueces tengan donde atender, elaborar y utilizar el presupuesto, en fin). Así, mientras el Consejo se ocupa de estas cuestiones, los jueces tienen que ocuparse de otras bien específicas y sensibles: resolver los conflictos de la gente aplicando la ley y dictar sentencia. Una vez que el Consejo se puso en funcionamiento y se dictó la Ley 26.376, el Consejo comenzó a designar a los jueces subrogantes (o suplentes); estos suplentes podían ser otros jueces o abogados llamados conjueces, que integraban una lista que tenía acuerdo del Senado y del Poder Ejecutivo. El Consejo designó subrogantes hasta el año 2007, cuando la Corte dictó sentencia en el caso “Rosza” y declaro inconstitucional el reglamento que se venía aplicando; y esto pasó, porque según se dijo, en el trámite no intervenían los tres poderes del Estado, que sí intervienen cuando se designa a los jueces por concurso. Desde allí, y hasta el año 2013, las cámaras volvieron a designar subrogantes. Este tema es muy importante para los jueces, porque siempre prefieren ser ellos los que administren sus cosas (es lo que se denomina “el autogobierno” de los jueces), antes que permitir que sea el Consejo de la Magistratura el que intervenga, que es un órgano plural, que tiene participación de jueces pero también de otros sectores de la comunidad, como senadores, diputados, abogados, y académicos. Los jueces se rasgan las vestiduras y hablan de la “politización de la justicia”; como si ellos mismos no hicieran política; como si ellos mismos no integraran un poder político; como si a ellos mismos no los hubiera elegido un representante del Poder Ejecutivo que ocupa ese lugar gracias al sistema de elección popular, que canaliza la acción política, a través de la existencia de partidos políticos. Algunas discusiones son muy obvias a esta altura. Así llegamos al año 2013, en que la Presidenta de la Nación impulsó el paquete de leyes de democratización del Poder Judicial; entre ellas, estaba la reforma del Consejo de la Magistratura; y uno de los puntos de reforma era el hecho que el Consejo debía volver a ocuparse de la designación de los jueces subrogantes; esa parte de la ley 26.855 no fue declarada inconstitucional por la Corte, y desde allí, el Consejo empezó de a poco, a ejercer la atribución. Uno de las decisiones más importantes durante el 2015, tuvo que ver con la designación del subrogante en el Juzgado Federal N°1 de Bahía Blanca, que venía siendo ejercida por un secretario judicial que había sido designado por la cámara, que no tenía acuerdo del Senado y que además, en el trámite que le daba a los juicios por delitos de lesa humanidad cometidos en nuestro país durante la última dictadura cívico militar, mostraba con claridad un comportamiento obstaculizador del avance de los juicios. Así fue que el Consejo designó en su lugar, al juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, hasta que se termine el concurso y se pueda designar al juez titular de ese juzgado. Por cierto, el concurso empezó el año pasado y es previsible que a fin de año esté listo. Además, este año se sancionó la Ley 27.145 que establece con total claridad que la autoridad encargada de designar subrogantes o suplentes es el Consejo de la Magistratura; y establece el mecanismo por el cual se debe designar, por mayoría absoluta de los miembros presentes. El Consejo debe elaborar las listas de conjueces abogados y secretarios judiciales, que deberán ser remitidas al Poder Ejecutivo Nacional y desde allí, al Senado de la Nación, que otorgará el acuerdo. Para designar subrogantes, el Consejo de la Magistratura puede optar por designar a un juez titular o a un conjuez de esa lista. Cuando la ley fue publicada en el Boletín Oficial, la Cámara Federal de Casación Penal envió una comunicación al Consejo, haciendo saber las subrogaciones existentes en esa Cámara y en los tribunales orales de todo el país. Y el Consejo resolvió designar a cuatro subrogantes nuevos en subrogaciones que vencían el 30/06/2015; la única excepción fue la subrogación del juez Cabral, que estaba sujeta a que “esa vacante sea cubierta según el sistema institucional”. El Consejo consideró que la ley 27.145, era “el sistema institucional” vigente, y en ese sentido, trató el asunto y designó a un nuevo subrogante. Tenemos entonces, que la situación tuvo repercusión mediática, cuando el Consejo decidió aplicar la ley y designar a nuevos conjueces en lugar de los que venían ejerciendo como suplentes, entre ellos, el juez Cabral. (Incluso se convocó a una marcha, para respaldar a Cabral). Pero lo que hay que tener en cuenta, es que Cabral es un juez de un tribunal oral; él tenía que haber intervenido, por ejemplo, en el caso del femicidio de Ángeles Rawson, donde el acusado era el portero Mangeri. Sin embargo, no estaba trabajando ahí, sino que en la Cámara Federal de Casación Penal, es decir, un tribunal superior y de una competencia mucho más amplia que la que Cabral tenía como juez. Además había sido designado en ese lugar, “a dedo”, sin que se evaluara entre la gran cantidad de jueces de su categoría si había otro con capacidad de subrogar; y era uno de los jueces que menos sentencias había dictado en los últimos años. Eso es lo que motivó que el Consejo tomara la decisión de designar a otro subrogante en su lugar, y la ley 27.145 autorizaba al Consejo a obrar así. Por otra parte el Consejo dispuso que, en un plazo de 60 días las cámaras debían informar el estado de las subrogaciones. Y dispuso que hasta tanto remitieran el informe requerido y el Consejo de la Magistratura se avocara a su tratamiento, las subrogaciones continuarían vigentes y que las cámaras deberían realizar las designaciones que fueran necesarias. Existieron algunos planteos de inconstitucionalidad de la ley, que lo que intentan es quitarle la atribución al Consejo y devolvérsela a las Cámaras. Pero es claro a esta altura, que la ley 27.145 es constitucional. Porque la Constitución Nacional no prevé un sistema de designación de jueces subrogantes, sino que fueron siempre las leyes de organización de la justicia -nacional o federal-, las que colocaron a las cámaras como autoridad de aplicación. Entonces mal puede decirse que una ley se enfrenta a la Constitución, si la Constitución no regula el tema que trata la ley. Además, como hemos visto, una vez creado el Consejo de la Magistratura, se le otorgó a ese órgano la atribución de administrar el Poder Judicial. Y la designación de subrogantes hace al funcionamiento del Poder Judicial e integra la administración; esto es lo que justifica -de acuerdo al art. 114 de la CN– que el Consejo de la Magistratura sea autoridad de aplicación. Por otra parte, la norma prevé un mecanismo de selección de los subrogantes, que otorga participación a los tres poderes del Estado (el Consejo, el P.E.N. y el acuerdo que otorga el Senado a los conjueces); con ello, queda salvada cualquier objeción que se pudiera realizar al mecanismo, si recordamos lo que dijo la Corte en el caso “Rosza”. Este criterio fue adoptado en el Fallo “Uriarte, Rodolfo Marcelo y otro c/ Consejo de la Magistratura de la Nación s/ Acción Declarativa de inconstitucionalidad”, dictado por la Sala I de la Cámara Federal de La Plata, con fecha 16 de julio de 2015. Así estamos. Vamos a esperar como continúa el tema, y como resuelven las cámaras de aquí en mas, para saber si la Corte deberá resolver en definitiva, el asunto. Hablando de la Corte, el lunes 13 de julio de 2015, la Corte envió al Consejo, una nota transmitiendo las inquietudes de varios magistrados, en relación a la aplicación de la ley 27.145. (Las inquietudes, se entiende a esta altura, vienen más por el lado de que sea el Consejo el que tome las decisiones y no los jueces por sí mismos). El jueves pasado, 16/7/15, el Consejo decidió contestar la nota a la Corte y a las cámaras nacionales y federales, y dispuso que, en los casos de suplencias cortas y en causas en particular, o cualquier otro impedimento de los jueces de los tribunales inferiores a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el Consejo delegaba en las Cámaras, la facultad de designar subrogantes. Asimismo dispuso que para el caso de subrogaciones largas (mayores a 60 días), el Consejo designará al subrogante, pudiendo la Cámara proponer al que considere conveniente. Con ello, se pretendió equilibrar la atribución, y no quitársela de lleno a las Cámaras, más allá que como hemos visto, la designación de subrogantes está claro que es una facultad del Consejo, porque integra la administración del Poder Judicial y la Constitución Nacional dice que la administración la ejerce el Consejo. Comisión Justicia y Asuntos Penales- CEP
El 18 de junio de 2015 se publicó la Ley 27.145 que regula el régimen de subrogaciones para los tribunales inferiores a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La subrogación (o suplencia) se da cuando un juez titular no puede ejercer su cargo, porque se jubiló, porque pidió licencia, porque se murió, o por cualquier otra causa que le impide desempeñar su función; entonces hay que designar a un suplente que se haga cargo del juzgado hasta que el juez titular vuelva (si puede), o hasta que se designe a otro titular, una vez terminado el concurso público. Durante todo el siglo XX, los encargados de designar subrogantes eran los jueces de las cámaras de apelación. Luego, con la reforma constitucional de 1994, se creó el Consejo de la Magistratura; y se le otorgó la función de administrar el Poder Judicial, realizar los concursos públicos para jueces y acusar a los jueces por mal desempeño. Con estas funciones, el Consejo pasó a ser una de las dos cabezas del Poder Judicial: por un lado, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y por otro, el Consejo. Designar a los jueces subrogantes o suplentes tiene que ver con el funcionamiento del Poder Judicial, por eso, es una cuestión de la administración (tal como pagar sueldos, acondicionar edificios para que los jueces tengan donde atender, elaborar y utilizar el presupuesto, en fin). Así, mientras el Consejo se ocupa de estas cuestiones, los jueces tienen que ocuparse de otras bien específicas y sensibles: resolver los conflictos de la gente aplicando la ley y dictar sentencia. Una vez que el Consejo se puso en funcionamiento y se dictó la Ley 26.376, el Consejo comenzó a designar a los jueces subrogantes (o suplentes); estos suplentes podían ser otros jueces o abogados llamados conjueces, que integraban una lista que tenía acuerdo del Senado y del Poder Ejecutivo. El Consejo designó subrogantes hasta el año 2007, cuando la Corte dictó sentencia en el caso “Rosza” y declaro inconstitucional el reglamento que se venía aplicando; y esto pasó, porque según se dijo, en el trámite no intervenían los tres poderes del Estado, que sí intervienen cuando se designa a los jueces por concurso. Desde allí, y hasta el año 2013, las cámaras volvieron a designar subrogantes. Este tema es muy importante para los jueces, porque siempre prefieren ser ellos los que administren sus cosas (es lo que se denomina “el autogobierno” de los jueces), antes que permitir que sea el Consejo de la Magistratura el que intervenga, que es un órgano plural, que tiene participación de jueces pero también de otros sectores de la comunidad, como senadores, diputados, abogados, y académicos. Los jueces se rasgan las vestiduras y hablan de la “politización de la justicia”; como si ellos mismos no hicieran política; como si ellos mismos no integraran un poder político; como si a ellos mismos no los hubiera elegido un representante del Poder Ejecutivo que ocupa ese lugar gracias al sistema de elección popular, que canaliza la acción política, a través de la existencia de partidos políticos. Algunas discusiones son muy obvias a esta altura. Así llegamos al año 2013, en que la Presidenta de la Nación impulsó el paquete de leyes de democratización del Poder Judicial; entre ellas, estaba la reforma del Consejo de la Magistratura; y uno de los puntos de reforma era el hecho que el Consejo debía volver a ocuparse de la designación de los jueces subrogantes; esa parte de la ley 26.855 no fue declarada inconstitucional por la Corte, y desde allí, el Consejo empezó de a poco, a ejercer la atribución. Uno de las decisiones más importantes durante el 2015, tuvo que ver con la designación del subrogante en el Juzgado Federal N°1 de Bahía Blanca, que venía siendo ejercida por un secretario judicial que había sido designado por la cámara, que no tenía acuerdo del Senado y que además, en el trámite que le daba a los juicios por delitos de lesa humanidad cometidos en nuestro país durante la última dictadura cívico militar, mostraba con claridad un comportamiento obstaculizador del avance de los juicios. Así fue que el Consejo designó en su lugar, al juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, hasta que se termine el concurso y se pueda designar al juez titular de ese juzgado. Por cierto, el concurso empezó el año pasado y es previsible que a fin de año esté listo. Además, este año se sancionó la Ley 27.145 que establece con total claridad que la autoridad encargada de designar subrogantes o suplentes es el Consejo de la Magistratura; y establece el mecanismo por el cual se debe designar, por mayoría absoluta de los miembros presentes. El Consejo debe elaborar las listas de conjueces abogados y secretarios judiciales, que deberán ser remitidas al Poder Ejecutivo Nacional y desde allí, al Senado de la Nación, que otorgará el acuerdo. Para designar subrogantes, el Consejo de la Magistratura puede optar por designar a un juez titular o a un conjuez de esa lista. Cuando la ley fue publicada en el Boletín Oficial, la Cámara Federal de Casación Penal envió una comunicación al Consejo, haciendo saber las subrogaciones existentes en esa Cámara y en los tribunales orales de todo el país. Y el Consejo resolvió designar a cuatro subrogantes nuevos en subrogaciones que vencían el 30/06/2015; la única excepción fue la subrogación del juez Cabral, que estaba sujeta a que “esa vacante sea cubierta según el sistema institucional”. El Consejo consideró que la ley 27.145, era “el sistema institucional” vigente, y en ese sentido, trató el asunto y designó a un nuevo subrogante. Tenemos entonces, que la situación tuvo repercusión mediática, cuando el Consejo decidió aplicar la ley y designar a nuevos conjueces en lugar de los que venían ejerciendo como suplentes, entre ellos, el juez Cabral. (Incluso se convocó a una marcha, para respaldar a Cabral). Pero lo que hay que tener en cuenta, es que Cabral es un juez de un tribunal oral; él tenía que haber intervenido, por ejemplo, en el caso del femicidio de Ángeles Rawson, donde el acusado era el portero Mangeri. Sin embargo, no estaba trabajando ahí, sino que en la Cámara Federal de Casación Penal, es decir, un tribunal superior y de una competencia mucho más amplia que la que Cabral tenía como juez. Además había sido designado en ese lugar, “a dedo”, sin que se evaluara entre la gran cantidad de jueces de su categoría si había otro con capacidad de subrogar; y era uno de los jueces que menos sentencias había dictado en los últimos años. Eso es lo que motivó que el Consejo tomara la decisión de designar a otro subrogante en su lugar, y la ley 27.145 autorizaba al Consejo a obrar así. Por otra parte el Consejo dispuso que, en un plazo de 60 días las cámaras debían informar el estado de las subrogaciones. Y dispuso que hasta tanto remitieran el informe requerido y el Consejo de la Magistratura se avocara a su tratamiento, las subrogaciones continuarían vigentes y que las cámaras deberían realizar las designaciones que fueran necesarias. Existieron algunos planteos de inconstitucionalidad de la ley, que lo que intentan es quitarle la atribución al Consejo y devolvérsela a las Cámaras. Pero es claro a esta altura, que la ley 27.145 es constitucional. Porque la Constitución Nacional no prevé un sistema de designación de jueces subrogantes, sino que fueron siempre las leyes de organización de la justicia -nacional o federal-, las que colocaron a las cámaras como autoridad de aplicación. Entonces mal puede decirse que una ley se enfrenta a la Constitución, si la Constitución no regula el tema que trata la ley. Además, como hemos visto, una vez creado el Consejo de la Magistratura, se le otorgó a ese órgano la atribución de administrar el Poder Judicial. Y la designación de subrogantes hace al funcionamiento del Poder Judicial e integra la administración; esto es lo que justifica -de acuerdo al art. 114 de la CN– que el Consejo de la Magistratura sea autoridad de aplicación. Por otra parte, la norma prevé un mecanismo de selección de los subrogantes, que otorga participación a los tres poderes del Estado (el Consejo, el P.E.N. y el acuerdo que otorga el Senado a los conjueces); con ello, queda salvada cualquier objeción que se pudiera realizar al mecanismo, si recordamos lo que dijo la Corte en el caso “Rosza”. Este criterio fue adoptado en el Fallo “Uriarte, Rodolfo Marcelo y otro c/ Consejo de la Magistratura de la Nación s/ Acción Declarativa de inconstitucionalidad”, dictado por la Sala I de la Cámara Federal de La Plata, con fecha 16 de julio de 2015. Así estamos. Vamos a esperar como continúa el tema, y como resuelven las cámaras de aquí en mas, para saber si la Corte deberá resolver en definitiva, el asunto. Hablando de la Corte, el lunes 13 de julio de 2015, la Corte envió al Consejo, una nota transmitiendo las inquietudes de varios magistrados, en relación a la aplicación de la ley 27.145. (Las inquietudes, se entiende a esta altura, vienen más por el lado de que sea el Consejo el que tome las decisiones y no los jueces por sí mismos). El jueves pasado, 16/7/15, el Consejo decidió contestar la nota a la Corte y a las cámaras nacionales y federales, y dispuso que, en los casos de suplencias cortas y en causas en particular, o cualquier otro impedimento de los jueces de los tribunales inferiores a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el Consejo delegaba en las Cámaras, la facultad de designar subrogantes. Asimismo dispuso que para el caso de subrogaciones largas (mayores a 60 días), el Consejo designará al subrogante, pudiendo la Cámara proponer al que considere conveniente. Con ello, se pretendió equilibrar la atribución, y no quitársela de lleno a las Cámaras, más allá que como hemos visto, la designación de subrogantes está claro que es una facultad del Consejo, porque integra la administración del Poder Judicial y la Constitución Nacional dice que la administración la ejerce el Consejo. Comisión Justicia y Asuntos Penales- CEP
viernes, 17 de julio de 2015
Entrevista a Kicillof: explica el modelo kirchnerista desde la economía
El neoliberalismo dinamitó todo: Axel Kicillof, ministro
de Economía argentino
La energía es un recurso nacional, y el Estado debe ejercer soberanía sobre sus recursos Con Néstor Kirchner advertimos que la política volvía a ser una posibilidad de transformación real frente a los poderes que la limitaban, sean militares o económicos, asegura el ministro de Economía de Argentina, Axel Kicillof, en entrevista con La Jornada
Entrevistas Periódico La Jornada de México
Lunes 3 de noviembre de 2014 Buenos Aires. En días pasados el ministro de Economía, Axel Kicillof, cumplió en Washington con una agenda de locos en 48 horas: reunión con el comité de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID); con los representantes de los países no desarrollados de América, Asia y Africa (G-24); exposición frente al Council of the Americas; junta con los ministros y presidentes de los bancos centrales del G-20; asistencia a la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; encuentros bilaterales con expertos en economía y finanzas, académicos, tanques pensantes. Ámbitos resbaladizos, complejos, en los que el ministro se refirió, invariablemente, a los fondos buitres. En la delegación argentina, observó: “intentaron embargar esta misma embajada… esta tarima, todo”. Ahora, en el legendario quinto pisodel Ministerio de Economía (edificio de estilo mussoliniano o sovietista inaugurado en 1939 por el presidente conservador Roberto M. Ortiz, y bombardeado con artillería pesada por los militares que en 1955 derrocaron a Juan D. Perón), el clima resulta poco alentador para una entrevista distendida. El tiempo apremia. Frenético es el ritmo de trabajo, los buitres internos y externos acechan, y el termómetro marca 33 grados, clavando un puñal en la primavera porteña. Hace un año, cuando Cristina Fernández de Kirchner nombró a Kicillof, un escriba de La Nación aludió, insidiosamente, al origen rabínico del ministro. Observación distinta a la que el centenario diario oligárquico prodigó en marzo de 1976 al ministro de Economía de la Junta Militar, el muy católico y devoto José Alfredo Martínez de Hoz. Apellido de origen patricio que, sin nombrarse, figura en placa de bronce a la entrada del edificio: en homenaje a los desaparecidos que trabajaron en el Ministerio de Economía y Producción, y en repudio a la instauración del plan económico de la dictadura militar. Parábolas de la historia: en el amplio despacho donde Martínez de Hozmodernizaba la economíadesapareciendo a los trabajadores, Kicillof abraza al enviado de La Jornadacon un brazo extendido y el otro sosteniendo un teléfono celular. Surge, entonces, una situación insólita: “perdone usted señor minist…doct… ¿puedo tutearlo?” Pegando un sorbo a la bombilla del mate, el ministro sonríe: te saludé de beso, ¿no? Hábito que, en efecto, fue impuesto por las juventudes argentinas en los años 80, con la vuelta a la democracia, el abandono de la clandestinidad y el retorno de los exiliados. Una época que Kicillof evoca así: “Entré a la política en el centro de estudiantes de mi colegio, el Nacional Buenos Aires, con la llamada ‘primavera alfonsinista’. El centro era conducido por el Partido Comunista, que lo había mantenido en la clandestinidad. Apoyamos la orientación antimperialista de la juventud radical, y su aliento yrigoyenista, popular, vinculado al eje de la campaña: los derechos humanos. Aquello fue una explosión de militancia y ‘destape’. “Me nombran delegado del Centro, dejamos de usar corbata (que era obligatoria), y el pelo a dos dedos de la camisa. La Comisión Nacional de Desaparecidos difundía masivamente hechos que la sociedad en su conjunto desconocía, o que no quería saber o decir. Buena parte de la clase media profesional urbana, de la que provenía mi familia, tenía un exiliado o un desaparecido. Los que hoy me acompañan en ‘La Cámpora’ (agrupación kirchnerista) entraron con mucha confianza en la política. Tras ello, la rápida decepción con el proceso alfonsinista. Con dos componentes: el alfonsinismo, que había llegado al gobierno con la idea de castigar los crímenes de lesa humanidad, terminó decretando, por razones fácticas, las leyes de obediencia debida y punto final. Y luego, la amnistía de Menem a los pocos militares que estaban presos.” –¿Qué te llamó la atención del kirchnerismo? –Muchos de los que hoy estamos en este proceso, advertimos que con Néstor Kirchner la política volvía a ser una posibilidad de transformación real frente a los poderes que la limitaban, sean militares o económicos. El propio discurso alfonsinista reconoció que la renuncia de Alfonsín fue un golpe de mercado. Los militares detuvieron el proceso de juzgar los crímenes de lesa humanidad, y los banqueros se negaron a un crecimiento con orientación más popular. –¿Ahí es cuando descubres la inexistencia de la economía en abstracto? –Claro, pero lo decisivo fue la resistencia contra el neoliberalismo, que había causado un gran desprestigio de la política y los partidos. Época del zapatismo, del que se vayan todos, de la horizontalidad en las organizaciones, de la discusión de la política clásica en cualquiera de sus vertientes. Pero también de muchísimo retroceso en los movimientos organizados, tanto políticos como obreros, y que a nivel de los intelectuales y las universidades engendró una resistencia a la defensiva y bastante impotente. El modelo K –¿Es posible luchar contra el capitalismo dentro del capitalismo? –En 2003, cuando arranca este proceso, muchos intuimos que se venía una posibilidad de transformación real. Con el kirchnerismo renació la causa de los derechos humanos, y las potencialidades de un proyecto económico transformador. Pero no delucha contra el capitalismo dentro del capitalismo. Creo que en los países periféricos –y no quisiera ahora abrir la clásica discusión sobre las etapas– hay que reconstruir el capitalismo. El desguace del Estado y de la economía habían convertido a nuestro país y los de América Latina en coto de caza de las finanzas, de los servicios, de reciclaje de los capitales de los países centrales y de una pérdida de las propias reglas de acumulación del capital. Habían dinamitado todo. Entonces, con base en los trabajadores, industriales y empresarios nuestro proyecto apuntó a la reindustrialización, ampliando la base productiva y tecnológica que permita la reproducción del capital, la inversión y, por sobre todo, la reconstitución de un mercado interno. –¿El empresario argentino entiende la importancia de cambiar la matriz productiva del país? –Ahí está el nudo. Al empresario que invierte, que toma riesgos, que siente apego por su país, el Estado tiene que brindarle una suerte de biosfera para que pueda prosperar. A los que en estos años apostaron a la inversión y la producción, les fue bien. La idea del empresario ausentista (como alguna vez fue el terrateniente ausentista), que junta un capital y lo resguarda en el exterior sacándolo del ciclo productivo, tuvo mucho que ver con el Estado ausente que no genera condiciones de estabilidad y de acumulación. Dicen que el gobierno no da seguridad jurídica,certidumbre, que no hay clima de negocios. Pero el Estado argentino ya no está colonizado por los empresarios. La etapa en que nos hallamos busca la reconstrucción del tejido social, de la clase trabajadora y de un sector empresarial auténtico. –Como fuere, el proyecto es capitalista... –Así es. Pero no un capitalismo rentista, de saqueo, extranjerizado y hostil a que Argentina crezca con base en su capacidad productiva, generando una mejor distribución de la riqueza. O sea: crecimiento con inclusión social. Algo que no marcha separado, sino que es la misma cosa. Durante décadas se nos dijo que primero había que crecer para después distribuir. Sin embargo, creo que en países como el nuestro es a la inversa: hay que distribuir para que, con base en el mayor poder adquisitivo de los salarios y la reconstitución del mercado interno, aparezcan oportunidades de inversión que permitan el crecimiento. –Durante el proceso de recuperación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) decías que la gestión del grupo Repsol incurrió en depredación, desinversión y desabastecimiento. Y que lo grave no había sido la privatización, sino la desnacionalización de YPF... –En efecto. Pero también otros elementos del sector energético se imbrican en la política general. Nosotros entendemos que la energía es un recurso nacional, y que el Estado tiene que ejercer soberanía sobre sus recursos. Esto quiere decir que no podemos crecer con salarios bajos en dólares, o que nos convirtamos en plataforma internacional de ensamblaje. La tradición industrial y trabajadora de los argentinos también cuenta. Disponemos de energía, pero no somos un país exportador de petróleo y gas. Durante mucho tiempo Argentina se autoabasteció. Entonces, a partir de 2003, fijamos a los recursos energéticos precios internos, desdoblados de los externos. ¿Por qué? Porque las empresas veían que los precios internos estaban muy por debajo de los internacionales. Pero si poníamos el precio a escala internacional, matábamos la industria doméstica. Y esto hizo crujir el esquema neoliberal heredado de los años 90. Al que no le interesaba, obviamente, la participación del Estado. “Cuando las empresas del sector energético analizaban los proyectos de inversión, concluían que no era negocio vender el barril de petróleo interno a 40 dólares, mientras afuera estaba a 90 dólares. Y cuando competían en los distintos proyectos de inversión usaban la rentabilidad internacional y la producida en nuestro país para sus proyectos en el exterior. Las petroleras eran rentables en el país, pero mucho menos rentables que en otros lugares del mundo. Por tanto, se llevaban los recursos internos para sus proyectos externos, financiándolos con las ganancias obtenidas en Argentina. Así, mientras menos invertían, más rentabilidad tenían. Era un problema estructural, y agravado porque la desregulación no ofrecía instrumentos para dirigir las inversiones. Con lo cual, en estos años, llevamos una relación tensa con las empresas, porque el gobierno presionaba para que reinvirtieran los excedentes producidos en el país, y grupos como Repsol (que se había quedado con YPF) se llevaban todas las utilidades al exterior. –¿Todas las empresas energéticas actuaban igual que Repsol? –Las de capital nacional respondieron mejor, y las extranjeras peor porque tenían, como dije, otros proyectos de inversión a los que dirigían sus recursos. Argentina no requería de recursos nuevos. Digámoslo con claridad: si el precio de salida de un barril de petróleo podía ser de 17 dólares en Argentina, el de venta era de 70 dólares. Diferencia que generaba una enorme rentabilidad. Pero a su vez especulaban con vender el barril a 100 dólares. Esto llevó a despreciar las inversiones en nuestro país. Inflación y emisión monetaria –¿La emisión genera necesariamente inflación? –Sí y no. Esa es una de las discusiones más antiguas de la teoría económica. Mi tesis doctoral trató sobre Keynes, porque mis profesores aseguraban ser keynesianos. Pero nunca nos enseñaron a Keynes. En los años 90 hubo una colonización tal en la teoría económica, que en realidad eran todos monetaristas. Entonces, leo por mi cuenta la Teoría general del empleo, el interés y el dinero de Keynes, y encuentro queel inventor de la idea de que no hay proporcionalidad entre precios y emisión es Keynes. Un teórico monetario que explica que si yo emito más dinero, hay que ver qué se hace con él. Los monetaristas de la Escuela de Chicago –que fueron parte integrante de la dictadura militar– sostienen que el aumento de la emisión se refleja en los precios. Pero hay algo que no dicen: primero, que en ninguna economía periférica hay pleno empleo; segundo, que si hay más capacidad productiva se puede generar más empleo. –Sin embargo, los monetaristas continúan defendiendo a brazo partido sus teorías… –Y hasta yo podría decir que la teoría monetarista conlleva algo de realidad. Sin embargo, no la tiene. Porque cuando yo estudio, la tasa de desempleo era de 18 por ciento, y después alcanzó 25 por ciento. Así es que nadie me va a convencer de que la emisión no puede tener un efecto dinamizador sobre el crédito. En estos años recientes, Estados Unidos triplicó la base monetaria, y están en una situación deflacionaria. Y Gran Bretaña la quintuplicó. Por consiguiente, no hay una relación directa entre base monetaria y nivel de precios. ¿Por qué? Porque no hay pleno empleo. La gran mentira del monetarismo asegura que no se puede dinamizar el crédito, que no existe la política monetaria. Pero en Argentina sí existió con la convertibilidad y la dolarización que amputaron, dolorosamente, las atribuciones del Estado en su política económica y monetaria. –¿Y el impacto de la emisión sobre la inflación? –Podemos discutir el papel de la emisión en un proceso inflacionario. Indudablemente, hay mucho que discutir. Pero la premisa de que la emisión se va a precios, es mentira. En economía, nadie serio cree mecánicamente en la idea cuantitativa del dinero. Más bien se trata de un lema para impedir que países como el nuestro apliquen una política monetaria en su propio beneficio, y en beneficio de la producción y el empleo. –¿Ha sido exitosa la política deprecios cuidados? –Me parece que sí, porque en Argentina el sistema de comercialización concentrado opera con márgenes muy altos de rentabilidad. De un lado, oprimen al consumidor; por el otro, al productor. Esto no ocurre en los países desarrollados, con políticas de inversión y competencia más fuerte, y cadenas comerciales más abiertas. Pero acá tenemos cinco cadenas de supermercados, que si en el corto plazo quieren generar movimientos de los precios, lo pueden hacer. Conducta que siempre justifican con el pretexto de que ven peligros de devaluación, peligros de no sé qué y entonces, preventivamente, elevan los precios. –Los sectores de oposición emplean el vocablo control… –La idea central de precios cuidados consiste en monitorear los costos para que no haya abusos en los precios. No es un congelamiento de precios. Eso de que los precios se mueven caóticamente también es funcional a las rentabilidades extraordinarias de la cadena comercial y de los productores concentrados. –Por último, ¿serán derrotados losfondos buitres? –A finales de año, cuando desaparezcan los instrumentos que losfondos buitres han utilizado para la extorsión, habrá mejores posibilidades para dialogar con los acreedores que optaron por quedar fuera de la restructuración de la deuda. El defaultmás grande de nuestra historia fue causado por el neoliberalismo. Y lo arreglamos muy bien. Pero ahí apareció el pequeño grupo de abogados, más que de financistas, y un juez que se hizo eco de esto. Muchos gobiernos, entre ellos México, acompañaron nuestra posición, y mostraron buena disposición frente a un problema que no quisieran ver reflejado en el espejo de su porvenir.
La energía es un recurso nacional, y el Estado debe ejercer soberanía sobre sus recursos Con Néstor Kirchner advertimos que la política volvía a ser una posibilidad de transformación real frente a los poderes que la limitaban, sean militares o económicos, asegura el ministro de Economía de Argentina, Axel Kicillof, en entrevista con La Jornada
Entrevistas Periódico La Jornada de México
Lunes 3 de noviembre de 2014 Buenos Aires. En días pasados el ministro de Economía, Axel Kicillof, cumplió en Washington con una agenda de locos en 48 horas: reunión con el comité de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID); con los representantes de los países no desarrollados de América, Asia y Africa (G-24); exposición frente al Council of the Americas; junta con los ministros y presidentes de los bancos centrales del G-20; asistencia a la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; encuentros bilaterales con expertos en economía y finanzas, académicos, tanques pensantes. Ámbitos resbaladizos, complejos, en los que el ministro se refirió, invariablemente, a los fondos buitres. En la delegación argentina, observó: “intentaron embargar esta misma embajada… esta tarima, todo”. Ahora, en el legendario quinto pisodel Ministerio de Economía (edificio de estilo mussoliniano o sovietista inaugurado en 1939 por el presidente conservador Roberto M. Ortiz, y bombardeado con artillería pesada por los militares que en 1955 derrocaron a Juan D. Perón), el clima resulta poco alentador para una entrevista distendida. El tiempo apremia. Frenético es el ritmo de trabajo, los buitres internos y externos acechan, y el termómetro marca 33 grados, clavando un puñal en la primavera porteña. Hace un año, cuando Cristina Fernández de Kirchner nombró a Kicillof, un escriba de La Nación aludió, insidiosamente, al origen rabínico del ministro. Observación distinta a la que el centenario diario oligárquico prodigó en marzo de 1976 al ministro de Economía de la Junta Militar, el muy católico y devoto José Alfredo Martínez de Hoz. Apellido de origen patricio que, sin nombrarse, figura en placa de bronce a la entrada del edificio: en homenaje a los desaparecidos que trabajaron en el Ministerio de Economía y Producción, y en repudio a la instauración del plan económico de la dictadura militar. Parábolas de la historia: en el amplio despacho donde Martínez de Hozmodernizaba la economíadesapareciendo a los trabajadores, Kicillof abraza al enviado de La Jornadacon un brazo extendido y el otro sosteniendo un teléfono celular. Surge, entonces, una situación insólita: “perdone usted señor minist…doct… ¿puedo tutearlo?” Pegando un sorbo a la bombilla del mate, el ministro sonríe: te saludé de beso, ¿no? Hábito que, en efecto, fue impuesto por las juventudes argentinas en los años 80, con la vuelta a la democracia, el abandono de la clandestinidad y el retorno de los exiliados. Una época que Kicillof evoca así: “Entré a la política en el centro de estudiantes de mi colegio, el Nacional Buenos Aires, con la llamada ‘primavera alfonsinista’. El centro era conducido por el Partido Comunista, que lo había mantenido en la clandestinidad. Apoyamos la orientación antimperialista de la juventud radical, y su aliento yrigoyenista, popular, vinculado al eje de la campaña: los derechos humanos. Aquello fue una explosión de militancia y ‘destape’. “Me nombran delegado del Centro, dejamos de usar corbata (que era obligatoria), y el pelo a dos dedos de la camisa. La Comisión Nacional de Desaparecidos difundía masivamente hechos que la sociedad en su conjunto desconocía, o que no quería saber o decir. Buena parte de la clase media profesional urbana, de la que provenía mi familia, tenía un exiliado o un desaparecido. Los que hoy me acompañan en ‘La Cámpora’ (agrupación kirchnerista) entraron con mucha confianza en la política. Tras ello, la rápida decepción con el proceso alfonsinista. Con dos componentes: el alfonsinismo, que había llegado al gobierno con la idea de castigar los crímenes de lesa humanidad, terminó decretando, por razones fácticas, las leyes de obediencia debida y punto final. Y luego, la amnistía de Menem a los pocos militares que estaban presos.” –¿Qué te llamó la atención del kirchnerismo? –Muchos de los que hoy estamos en este proceso, advertimos que con Néstor Kirchner la política volvía a ser una posibilidad de transformación real frente a los poderes que la limitaban, sean militares o económicos. El propio discurso alfonsinista reconoció que la renuncia de Alfonsín fue un golpe de mercado. Los militares detuvieron el proceso de juzgar los crímenes de lesa humanidad, y los banqueros se negaron a un crecimiento con orientación más popular. –¿Ahí es cuando descubres la inexistencia de la economía en abstracto? –Claro, pero lo decisivo fue la resistencia contra el neoliberalismo, que había causado un gran desprestigio de la política y los partidos. Época del zapatismo, del que se vayan todos, de la horizontalidad en las organizaciones, de la discusión de la política clásica en cualquiera de sus vertientes. Pero también de muchísimo retroceso en los movimientos organizados, tanto políticos como obreros, y que a nivel de los intelectuales y las universidades engendró una resistencia a la defensiva y bastante impotente. El modelo K –¿Es posible luchar contra el capitalismo dentro del capitalismo? –En 2003, cuando arranca este proceso, muchos intuimos que se venía una posibilidad de transformación real. Con el kirchnerismo renació la causa de los derechos humanos, y las potencialidades de un proyecto económico transformador. Pero no delucha contra el capitalismo dentro del capitalismo. Creo que en los países periféricos –y no quisiera ahora abrir la clásica discusión sobre las etapas– hay que reconstruir el capitalismo. El desguace del Estado y de la economía habían convertido a nuestro país y los de América Latina en coto de caza de las finanzas, de los servicios, de reciclaje de los capitales de los países centrales y de una pérdida de las propias reglas de acumulación del capital. Habían dinamitado todo. Entonces, con base en los trabajadores, industriales y empresarios nuestro proyecto apuntó a la reindustrialización, ampliando la base productiva y tecnológica que permita la reproducción del capital, la inversión y, por sobre todo, la reconstitución de un mercado interno. –¿El empresario argentino entiende la importancia de cambiar la matriz productiva del país? –Ahí está el nudo. Al empresario que invierte, que toma riesgos, que siente apego por su país, el Estado tiene que brindarle una suerte de biosfera para que pueda prosperar. A los que en estos años apostaron a la inversión y la producción, les fue bien. La idea del empresario ausentista (como alguna vez fue el terrateniente ausentista), que junta un capital y lo resguarda en el exterior sacándolo del ciclo productivo, tuvo mucho que ver con el Estado ausente que no genera condiciones de estabilidad y de acumulación. Dicen que el gobierno no da seguridad jurídica,certidumbre, que no hay clima de negocios. Pero el Estado argentino ya no está colonizado por los empresarios. La etapa en que nos hallamos busca la reconstrucción del tejido social, de la clase trabajadora y de un sector empresarial auténtico. –Como fuere, el proyecto es capitalista... –Así es. Pero no un capitalismo rentista, de saqueo, extranjerizado y hostil a que Argentina crezca con base en su capacidad productiva, generando una mejor distribución de la riqueza. O sea: crecimiento con inclusión social. Algo que no marcha separado, sino que es la misma cosa. Durante décadas se nos dijo que primero había que crecer para después distribuir. Sin embargo, creo que en países como el nuestro es a la inversa: hay que distribuir para que, con base en el mayor poder adquisitivo de los salarios y la reconstitución del mercado interno, aparezcan oportunidades de inversión que permitan el crecimiento. –Durante el proceso de recuperación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) decías que la gestión del grupo Repsol incurrió en depredación, desinversión y desabastecimiento. Y que lo grave no había sido la privatización, sino la desnacionalización de YPF... –En efecto. Pero también otros elementos del sector energético se imbrican en la política general. Nosotros entendemos que la energía es un recurso nacional, y que el Estado tiene que ejercer soberanía sobre sus recursos. Esto quiere decir que no podemos crecer con salarios bajos en dólares, o que nos convirtamos en plataforma internacional de ensamblaje. La tradición industrial y trabajadora de los argentinos también cuenta. Disponemos de energía, pero no somos un país exportador de petróleo y gas. Durante mucho tiempo Argentina se autoabasteció. Entonces, a partir de 2003, fijamos a los recursos energéticos precios internos, desdoblados de los externos. ¿Por qué? Porque las empresas veían que los precios internos estaban muy por debajo de los internacionales. Pero si poníamos el precio a escala internacional, matábamos la industria doméstica. Y esto hizo crujir el esquema neoliberal heredado de los años 90. Al que no le interesaba, obviamente, la participación del Estado. “Cuando las empresas del sector energético analizaban los proyectos de inversión, concluían que no era negocio vender el barril de petróleo interno a 40 dólares, mientras afuera estaba a 90 dólares. Y cuando competían en los distintos proyectos de inversión usaban la rentabilidad internacional y la producida en nuestro país para sus proyectos en el exterior. Las petroleras eran rentables en el país, pero mucho menos rentables que en otros lugares del mundo. Por tanto, se llevaban los recursos internos para sus proyectos externos, financiándolos con las ganancias obtenidas en Argentina. Así, mientras menos invertían, más rentabilidad tenían. Era un problema estructural, y agravado porque la desregulación no ofrecía instrumentos para dirigir las inversiones. Con lo cual, en estos años, llevamos una relación tensa con las empresas, porque el gobierno presionaba para que reinvirtieran los excedentes producidos en el país, y grupos como Repsol (que se había quedado con YPF) se llevaban todas las utilidades al exterior. –¿Todas las empresas energéticas actuaban igual que Repsol? –Las de capital nacional respondieron mejor, y las extranjeras peor porque tenían, como dije, otros proyectos de inversión a los que dirigían sus recursos. Argentina no requería de recursos nuevos. Digámoslo con claridad: si el precio de salida de un barril de petróleo podía ser de 17 dólares en Argentina, el de venta era de 70 dólares. Diferencia que generaba una enorme rentabilidad. Pero a su vez especulaban con vender el barril a 100 dólares. Esto llevó a despreciar las inversiones en nuestro país. Inflación y emisión monetaria –¿La emisión genera necesariamente inflación? –Sí y no. Esa es una de las discusiones más antiguas de la teoría económica. Mi tesis doctoral trató sobre Keynes, porque mis profesores aseguraban ser keynesianos. Pero nunca nos enseñaron a Keynes. En los años 90 hubo una colonización tal en la teoría económica, que en realidad eran todos monetaristas. Entonces, leo por mi cuenta la Teoría general del empleo, el interés y el dinero de Keynes, y encuentro queel inventor de la idea de que no hay proporcionalidad entre precios y emisión es Keynes. Un teórico monetario que explica que si yo emito más dinero, hay que ver qué se hace con él. Los monetaristas de la Escuela de Chicago –que fueron parte integrante de la dictadura militar– sostienen que el aumento de la emisión se refleja en los precios. Pero hay algo que no dicen: primero, que en ninguna economía periférica hay pleno empleo; segundo, que si hay más capacidad productiva se puede generar más empleo. –Sin embargo, los monetaristas continúan defendiendo a brazo partido sus teorías… –Y hasta yo podría decir que la teoría monetarista conlleva algo de realidad. Sin embargo, no la tiene. Porque cuando yo estudio, la tasa de desempleo era de 18 por ciento, y después alcanzó 25 por ciento. Así es que nadie me va a convencer de que la emisión no puede tener un efecto dinamizador sobre el crédito. En estos años recientes, Estados Unidos triplicó la base monetaria, y están en una situación deflacionaria. Y Gran Bretaña la quintuplicó. Por consiguiente, no hay una relación directa entre base monetaria y nivel de precios. ¿Por qué? Porque no hay pleno empleo. La gran mentira del monetarismo asegura que no se puede dinamizar el crédito, que no existe la política monetaria. Pero en Argentina sí existió con la convertibilidad y la dolarización que amputaron, dolorosamente, las atribuciones del Estado en su política económica y monetaria. –¿Y el impacto de la emisión sobre la inflación? –Podemos discutir el papel de la emisión en un proceso inflacionario. Indudablemente, hay mucho que discutir. Pero la premisa de que la emisión se va a precios, es mentira. En economía, nadie serio cree mecánicamente en la idea cuantitativa del dinero. Más bien se trata de un lema para impedir que países como el nuestro apliquen una política monetaria en su propio beneficio, y en beneficio de la producción y el empleo. –¿Ha sido exitosa la política deprecios cuidados? –Me parece que sí, porque en Argentina el sistema de comercialización concentrado opera con márgenes muy altos de rentabilidad. De un lado, oprimen al consumidor; por el otro, al productor. Esto no ocurre en los países desarrollados, con políticas de inversión y competencia más fuerte, y cadenas comerciales más abiertas. Pero acá tenemos cinco cadenas de supermercados, que si en el corto plazo quieren generar movimientos de los precios, lo pueden hacer. Conducta que siempre justifican con el pretexto de que ven peligros de devaluación, peligros de no sé qué y entonces, preventivamente, elevan los precios. –Los sectores de oposición emplean el vocablo control… –La idea central de precios cuidados consiste en monitorear los costos para que no haya abusos en los precios. No es un congelamiento de precios. Eso de que los precios se mueven caóticamente también es funcional a las rentabilidades extraordinarias de la cadena comercial y de los productores concentrados. –Por último, ¿serán derrotados losfondos buitres? –A finales de año, cuando desaparezcan los instrumentos que losfondos buitres han utilizado para la extorsión, habrá mejores posibilidades para dialogar con los acreedores que optaron por quedar fuera de la restructuración de la deuda. El defaultmás grande de nuestra historia fue causado por el neoliberalismo. Y lo arreglamos muy bien. Pero ahí apareció el pequeño grupo de abogados, más que de financistas, y un juez que se hizo eco de esto. Muchos gobiernos, entre ellos México, acompañaron nuestra posición, y mostraron buena disposición frente a un problema que no quisieran ver reflejado en el espejo de su porvenir.
Políticas públicas anti-inflacionarias
Políticas públicas anti-inflacionarias
Las políticas públicas de estos años se han diferenciado del modelo económico liberal,
por no atacar a la inflación con medidas de ajuste sobre la economía nacional, que
lograron bajar la inflación solo cuando el desempleo de 2 dígitos se volvió estructural.
Estas políticas se han enfocado en
• Administrar los recursos externos y regular al capital especulativo, para evitar
sucesos como la devaluación de enero de 2014, fruto de una corrida cambiaria
conjunta entre agroexportadores, importadores, el sector financiero nacional e
internacional.
• Establecer acuerdos de precios, que regulen precios clave de la economía, y que
sirvan como referencia para otros precios: entre ellos se encuentra Precios
Cuidados, la Red Comprar, las tarifas administradas por empresas públicas y
privadas.
• La inversión en infraestructura y en sectores clave, para reducir costos logísticos y
de insumos difundidos, relajando la puja distributiva por el lado de un mayor valor
agregado e ingreso de la producción. Por ejemplo la interconexión entre el
Mercado Central y los productores de las provincias, mediante el tren.
• Una fuerte política de apoyo a las Pymes y a la inversión, con el objetivo de
desconcentrar la economía argentina.
• Sin ser una política antiinflacionaria, sino a efectos de la suba de precios, se han
desarrollado políticas de ingresos directos e indirectos en los distintos actores de
la economia.
GLOSARIO
A continuación, se elabora un pequeño glosario de términos económicos específicos, para
luego poder comprender el funcionamiento de los distintos fenómenos explicados.
- Tipo de cambio: es el precio de la moneda nacional con respecto a otra moneda
extranjera. Argentina tiene tantos tipos de cambio como monedas extranjeras existentes.
Sin embargo el tipo de cambio más importante es con respecto al dólar. En este sentido,
el tipo de cambio con respecto al dólar es cuánto de nuestra moneda nacional tenemos
que dar para conseguir un dólar. Por ejemplo, en la Convertibilidad el tipo de cambio era 1
a 1, lo cual significa que en la década del noventa para comprar un dólar necesitábamos 1
peso. En cambio, si para obtener un dólar debemos entregar 4,85 pesos, el tipo de
cambio es 4,85 pesos/dólar.
- Devaluación: es cuando la moneda nacional pierde valor con respecto a las monedas
extranjeras. Por ejemplo, si antes para comprar un dólar necesitaba un peso y ahora para
comprar un dólar necesito 3 pesos, entonces nuestra moneda nacional se devaluó con
respecto al dólar. Esto es, vale menos que antes nuestra moneda con respecto a la
moneda norteamericana.
- Revaluación: es lo contrario a la devaluación. En efecto, la revaluación es cuando la
moneda nacional gana valor con respecto a las monedas extranjeras. Por ejemplo, si
antes para comprar un dólar necesita 3 pesos y ahora para comprar un dólar necesito 2
pesos, entonces nuestra moneda nacional se revaluó con respecto al dólar. Esto es, vale
más que antes nuestra moneda con respecto a la moneda norteamericana.
- Inflación: es el crecimiento continuo y generalizado de los precios de los bienes y
servicios de una economía. Ahora bien, cuando hay inflación no significa que todos los
precios aumentan de la misma manera, ni siquiera que todos los precios de los bienes
aumentan. En efecto, puede suceder que en una economía exista inflación y algunos
precios estén bajando. La inflación es un promedio de variación de precios. Entonces, si
en una economía se verifica un 20% de inflación anual, esto significa que en promedio
los precios de la economía aumentaron con respecto al año anterior un
20%. Pero puede suceder que algunos precios aumenten un 40% en el año, otros
aumenten un 20%,
otros un 10%, algunos no aumenten y otros incluso bajen. Pero el promedio de la
variación de los precios fue un aumento del 20%.
La inflación en Argentina por Alfredo Zaiat
Una herramienta
Por Alfredo Zaiat
La inflación ha sido la forma con que históricamente se procesó en Argentina los conflictos distributivos. Es un marco imprescindible para saber que la principal fuente de tensión inflacionaria se encuentra en la denominada puja distributiva. Esto implica que la disputa entre el salario y la tasa de ganancia empresaria es el factor central que impulsa la suba de precios. Es la manifestación de la pelea sobre cómo se reparte la riqueza. El dinamismo de ese proceso es más intenso que el verificado en otras economías de la región por las características de los protagonistas locales. Esta interpretación no es compartida por la corriente de difusión económica dominante, pues considera que la expansión del gasto público y de la emisión monetaria son las dos variables responsables de los aumentos de precios. La receta ortodoxa es entonces para todo momento y lugar disminuir la emisión, elevar la tasa de interés, recortar el gasto público, enfriar la demanda y reducir el salario real. Esas medidas fueron implementadas en varias oportunidades en la larga tradición inflacionaria argentina, con el mismo resultado: castigo a la estructura productiva, deterioro de las condiciones sociolaborales e impacto negativo en la equidad, crecimiento económico y generación de empleo. El gobierno de CFK no comparte el camino analítico de la ortodoxia para entender la inflación, antes con Guillermo Moreno y hoy con Axel Kicillof. Defiende una mirada alternativa al instalado en el sentido común en función de preservar los objetivos económicos que proclama, resumidos por Kicillof en un círculo virtuoso de crecimiento, inclusión social, reindustrialización, más empleo, incremento de la demanda interna, aumentos de salarios y consumo con la consiguiente mejora de la rentabilidad empresaria motivadora de la inversión. El aspecto no explicitado pese a los celebrados resultados que se buscan es que se trata de una estrategia generadora de tensiones inflacionarias debido a que se aplica en una estructura productiva desequilibrada, heterogénea, concentrada y extranjerizada. En ese escenario económico los acuerdos de precios son una herramienta de la política de ingresos. No son un fin en sí mismo, sino un ingrediente relevante de una estrategia económica destinada a combinar creación de empleo con estabilidad. No son una solución mágica de la inflación. Intervienen para reducir la inercia inflacionaria, reflejada en ajustes por incertidumbre como los verificados en las últimas semanas. Deben estar complementados con una negociación salarial consistente con el horizonte de precios previsto en los acuerdos. Es una de las formas de intervención del Estado en la puja distributiva. De esa forma actúa también en la formación de expectativas al brindar señales a los actores económicos sobre la perspectiva esperada en la variación de precios. La formalización y exhibición de los protagonistas de un nuevo acuerdo de precios, incluyendo ahora a proveedores, es un avance cualitativo de la gestión económica oficial sobre la experiencia previa. La existencia de una estructura productiva altamente concentrada, donde pocas grandes firmas controlan los precios y las cantidades producidas de una gran variedad de bienes, exige un compromiso escrito para su cumplimiento. El control y administración de precios es uno de los instrumentos para evitar el abuso de empresas con posición dominante en cadenas de producción y comercialización que perjudican a los eslabones más débiles, siendo el último el consumidortrabajador. El Centro de Investigación y Gestión de la Economía Solidaria difundió un documento sobre formación de precios donde destaca que en el mercado del pan elaborado una sola firma (Fargo/Bimbo) concentra el 80 por ciento de la producción; las cervezas son producidas en un 82 por ciento por dos empresas (Quilmes el 66 por ciento con sus marcas Palermo, Andes, Norte y Bieckert, y Brahma con el 16 por ciento) y las galletitas son fabricadas en un 78 por ciento por tres empresas (Kraft, Arcor y Danone). En los últimos años, diferentes acuerdos informales sólo con las grandes cadenas de comercialización derivaron en una elevada dispersión de precios de un mismo producto. El consumidor de ese modo perdió referencia generando un escenario de confusión sobre el nivel de los precios, agudizado por las promociones de descuentos y las permanentes modificaciones del packaging. Un elemento indispensable para instrumentar una política de administración es contar con precios homogéneos en una misma cadena, con pequeñas variaciones por ubicación geográfica por cuestiones de logística y transporte. Un informe de Economía difundido esta semana y publicado por Página/12 muestra cómo proveedores y supermercados encontraron mecanismos para eludir los acuerdos vigentes. Mediante estrategias de comercialización y marketing ofrecen en las góndolas productos con precios acordados junto a otros prácticamente idénticos –versiones “fortificadas” o añadidos de calcio y vitaminas– con valores con diferencias de más 200 por ciento. La táctica de distracción al consumidor, sometido a un permanente agobio sobre el peligro de desbordes de precios, estuvo concentrada en productos de la canasta básica como yogur, leche, yerbas o lavandina. Proveedores y supermercados pudieron así evadir el compromiso asumido con el anterior secretario de Comercio. Por ejemplo, Rosamonte se comprometió a fijar en 10 pesos el paquete de medio kilo de yerba con palo, pero presentó su versión “Plus”, que cuesta 20,85 pesos. Nobleza Gaucha hizo algo similar a través del lanzamiento de un “envase ecológico”. Otro documento elaborado en base a información proporcionada de la campaña nacional Mirar para Cuidar detectó otra serie de irregularidades en el cumplimiento del último acuerdo de precios. Además de la exagerada diferencia de precios de un mismo producto en la misma cadena de comercialización, observó desabastecimiento en distintas provincias (Corrientes, Mendoza y Salta). Los inspectores señalaron que en muchos casos las reposiciones se efectuaban al momento de la inspección, o que se remarcaban precios inmediatamente después de que se retiraban del establecimiento. Además se encontraron con situaciones insólitas como personal de los supermercados “disfrazados” de consumidores, encargados de seguirles los pasos. También descubrieron en algunos establecimientos que los precios en la góndola no eran los mismos en los cajeros en el momento de registrar la compra, con una diferencia siempre en contra del consumidor. Todos esos antecedentes fueron parte de la negociación que mantuvo el nuevo secretario de Comercio, Augusto Costa, con supermercados y proveedores. En el “acuerdo voluntario de precios” que entrará en vigencia el 1º de enero, como lo presentó ayer Kicillof, ambos funcionarios mencionaron que “en este nuevo compromiso de trabajo debe haber responsabilidad sin hacer engaños de marketing o packaging” para garantizar el abastecimiento al precio de venta acordado y en forma homogénea en las diferentes cadenas de comercialización. “Si hay incumplimientos, habrá sanciones”, advirtió Costas en el encuentro público donde participaron los empresarios. Ante situaciones de “desvíos”, como definió las maniobras denunciadas, se aplicará la Ley de Defensa del Consumidor, se denunciará por abuso de posición dominante, habrá fiscalización a través de la AFIP (Ricardo Echegaray estuvo presente en el acto) para detectar irregularidades en los precios y en los balances de las compañías, y se quitarán beneficios otorgados por el Estado. Después de la experiencia Moreno, el Gobierno ha elegido ordenar la política de administración de precios. Varios son los determinantes de los precios de la economía como para pensar que la inflación puede ser atendida por una sola persona o enfrentarla exclusivamente con un esquema informal de congelamiento de precios. El objetivo inicial de un acuerdo de precios es evitar la receta recesiva de la ortodoxia para atacar los aumentos, que consiste en limitar la demanda. La política de administración de precios ahora con un acuerdo formal pretende desprenderse del simple voluntarismo político para consolidarse como una efectiva herramienta de la política de ingresos.
Por Alfredo Zaiat
La inflación ha sido la forma con que históricamente se procesó en Argentina los conflictos distributivos. Es un marco imprescindible para saber que la principal fuente de tensión inflacionaria se encuentra en la denominada puja distributiva. Esto implica que la disputa entre el salario y la tasa de ganancia empresaria es el factor central que impulsa la suba de precios. Es la manifestación de la pelea sobre cómo se reparte la riqueza. El dinamismo de ese proceso es más intenso que el verificado en otras economías de la región por las características de los protagonistas locales. Esta interpretación no es compartida por la corriente de difusión económica dominante, pues considera que la expansión del gasto público y de la emisión monetaria son las dos variables responsables de los aumentos de precios. La receta ortodoxa es entonces para todo momento y lugar disminuir la emisión, elevar la tasa de interés, recortar el gasto público, enfriar la demanda y reducir el salario real. Esas medidas fueron implementadas en varias oportunidades en la larga tradición inflacionaria argentina, con el mismo resultado: castigo a la estructura productiva, deterioro de las condiciones sociolaborales e impacto negativo en la equidad, crecimiento económico y generación de empleo. El gobierno de CFK no comparte el camino analítico de la ortodoxia para entender la inflación, antes con Guillermo Moreno y hoy con Axel Kicillof. Defiende una mirada alternativa al instalado en el sentido común en función de preservar los objetivos económicos que proclama, resumidos por Kicillof en un círculo virtuoso de crecimiento, inclusión social, reindustrialización, más empleo, incremento de la demanda interna, aumentos de salarios y consumo con la consiguiente mejora de la rentabilidad empresaria motivadora de la inversión. El aspecto no explicitado pese a los celebrados resultados que se buscan es que se trata de una estrategia generadora de tensiones inflacionarias debido a que se aplica en una estructura productiva desequilibrada, heterogénea, concentrada y extranjerizada. En ese escenario económico los acuerdos de precios son una herramienta de la política de ingresos. No son un fin en sí mismo, sino un ingrediente relevante de una estrategia económica destinada a combinar creación de empleo con estabilidad. No son una solución mágica de la inflación. Intervienen para reducir la inercia inflacionaria, reflejada en ajustes por incertidumbre como los verificados en las últimas semanas. Deben estar complementados con una negociación salarial consistente con el horizonte de precios previsto en los acuerdos. Es una de las formas de intervención del Estado en la puja distributiva. De esa forma actúa también en la formación de expectativas al brindar señales a los actores económicos sobre la perspectiva esperada en la variación de precios. La formalización y exhibición de los protagonistas de un nuevo acuerdo de precios, incluyendo ahora a proveedores, es un avance cualitativo de la gestión económica oficial sobre la experiencia previa. La existencia de una estructura productiva altamente concentrada, donde pocas grandes firmas controlan los precios y las cantidades producidas de una gran variedad de bienes, exige un compromiso escrito para su cumplimiento. El control y administración de precios es uno de los instrumentos para evitar el abuso de empresas con posición dominante en cadenas de producción y comercialización que perjudican a los eslabones más débiles, siendo el último el consumidortrabajador. El Centro de Investigación y Gestión de la Economía Solidaria difundió un documento sobre formación de precios donde destaca que en el mercado del pan elaborado una sola firma (Fargo/Bimbo) concentra el 80 por ciento de la producción; las cervezas son producidas en un 82 por ciento por dos empresas (Quilmes el 66 por ciento con sus marcas Palermo, Andes, Norte y Bieckert, y Brahma con el 16 por ciento) y las galletitas son fabricadas en un 78 por ciento por tres empresas (Kraft, Arcor y Danone). En los últimos años, diferentes acuerdos informales sólo con las grandes cadenas de comercialización derivaron en una elevada dispersión de precios de un mismo producto. El consumidor de ese modo perdió referencia generando un escenario de confusión sobre el nivel de los precios, agudizado por las promociones de descuentos y las permanentes modificaciones del packaging. Un elemento indispensable para instrumentar una política de administración es contar con precios homogéneos en una misma cadena, con pequeñas variaciones por ubicación geográfica por cuestiones de logística y transporte. Un informe de Economía difundido esta semana y publicado por Página/12 muestra cómo proveedores y supermercados encontraron mecanismos para eludir los acuerdos vigentes. Mediante estrategias de comercialización y marketing ofrecen en las góndolas productos con precios acordados junto a otros prácticamente idénticos –versiones “fortificadas” o añadidos de calcio y vitaminas– con valores con diferencias de más 200 por ciento. La táctica de distracción al consumidor, sometido a un permanente agobio sobre el peligro de desbordes de precios, estuvo concentrada en productos de la canasta básica como yogur, leche, yerbas o lavandina. Proveedores y supermercados pudieron así evadir el compromiso asumido con el anterior secretario de Comercio. Por ejemplo, Rosamonte se comprometió a fijar en 10 pesos el paquete de medio kilo de yerba con palo, pero presentó su versión “Plus”, que cuesta 20,85 pesos. Nobleza Gaucha hizo algo similar a través del lanzamiento de un “envase ecológico”. Otro documento elaborado en base a información proporcionada de la campaña nacional Mirar para Cuidar detectó otra serie de irregularidades en el cumplimiento del último acuerdo de precios. Además de la exagerada diferencia de precios de un mismo producto en la misma cadena de comercialización, observó desabastecimiento en distintas provincias (Corrientes, Mendoza y Salta). Los inspectores señalaron que en muchos casos las reposiciones se efectuaban al momento de la inspección, o que se remarcaban precios inmediatamente después de que se retiraban del establecimiento. Además se encontraron con situaciones insólitas como personal de los supermercados “disfrazados” de consumidores, encargados de seguirles los pasos. También descubrieron en algunos establecimientos que los precios en la góndola no eran los mismos en los cajeros en el momento de registrar la compra, con una diferencia siempre en contra del consumidor. Todos esos antecedentes fueron parte de la negociación que mantuvo el nuevo secretario de Comercio, Augusto Costa, con supermercados y proveedores. En el “acuerdo voluntario de precios” que entrará en vigencia el 1º de enero, como lo presentó ayer Kicillof, ambos funcionarios mencionaron que “en este nuevo compromiso de trabajo debe haber responsabilidad sin hacer engaños de marketing o packaging” para garantizar el abastecimiento al precio de venta acordado y en forma homogénea en las diferentes cadenas de comercialización. “Si hay incumplimientos, habrá sanciones”, advirtió Costas en el encuentro público donde participaron los empresarios. Ante situaciones de “desvíos”, como definió las maniobras denunciadas, se aplicará la Ley de Defensa del Consumidor, se denunciará por abuso de posición dominante, habrá fiscalización a través de la AFIP (Ricardo Echegaray estuvo presente en el acto) para detectar irregularidades en los precios y en los balances de las compañías, y se quitarán beneficios otorgados por el Estado. Después de la experiencia Moreno, el Gobierno ha elegido ordenar la política de administración de precios. Varios son los determinantes de los precios de la economía como para pensar que la inflación puede ser atendida por una sola persona o enfrentarla exclusivamente con un esquema informal de congelamiento de precios. El objetivo inicial de un acuerdo de precios es evitar la receta recesiva de la ortodoxia para atacar los aumentos, que consiste en limitar la demanda. La política de administración de precios ahora con un acuerdo formal pretende desprenderse del simple voluntarismo político para consolidarse como una efectiva herramienta de la política de ingresos.
JUANA AZURDUY, MUJER REVOLUCIONARIA
JUANA AZURDUY, MUJER REVOLUCIONARIA
La soberanía nacional se disputa desde una multiplicidad de niveles. Los ataques económicos sufridos por Grecia son una muestra de la opresión que el anarco capitalismo financiero ejerce para someter […]
La soberanía nacional se disputa desde una multiplicidad de niveles. Los ataques económicos sufridos por Grecia son una muestra de la opresión que el anarco capitalismo financiero ejerce para someter a los países. El pueblo argentino conoce las consecuencias de una economía volcada a la especulación, como sucedió en 2001. En los niveles sutiles, pero no menos significativos, podemos encontrar los senderos de la batalla cultural y las figuras simbólicas. El 1° de junio de 2013, mediante un comunicado de la Secretaria General de la Presidencia, se resolvió remover la estatua de Cristóbal Colón, situada en el jardín de la Casa Rosada y donada por la colectividad italiana en Buenos Aires. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner expresó los motivos: “Queremos trasladar ese monumento y queremos poner ahí a Juana Azurduy, a esa heroína de la Independencia. Creemos que la Casa Rosada, que es la casa de todos los argentinos, tiene que estar representada por los que lucharon y dieron su vida por la Independencia”.
Tras el anuncio hubo fuertes controversias desde los sectores congruentes con la figura de Cristóbal Colón a través de la historia. El emplazamiento de la estatua en honor a Azurduy, heroína del Alto Perú, se enmarca en la reconfiguración cultural de la sociedad y los valores de libertad ante los opresores de cada época. La figura del almirante genovés ya no mirará hacia el Río de la Plata desde la Casa Rosada (se trasladó a Costanera Norte), y quien quiera llegar a Buenos Aires desde el río sabrá que una Juana Azurduy de 23 toneladas de bronce, de historia, valores y convicciones, le dará la bienvenida.
La coyuntura actual refleja que estamos resignificando la figura de la mujer en la Argentina. Se comenzó a deconstruir su posición histórica dentro de la sociedad y se generaron, por decisión política, las condiciones para que la mujer se empodere y lleve adelante las transformaciones políticas y sociales que se requieren. En este sentido, Cristina Fernández de Kirchner y su par de Bolivia, Evo Morales, inaugurarán el monumento a la revolucionaria boliviana, a 235 años de su nacimiento. “En la Casa Rosada tienen que estar representados quienes lucharon por la Independencia de los países de la región”, reflexionó en su momento Cristina.
Esta reivindicación histórica no es un hecho aislado y fortuito, sino que también puede englobarse dentro de las políticas de igualdad de género que fomenta el Proyecto Nacional y Popular, con el objetivo de reconfigurar la historia patriarcal construida por la historiografía liberal. En 2010, en la Casa de la Libertad en Sucre, la Presidenta le entregó a Evo la espada de Generala del Ejército argentino y se estableció conmemorar el 12 de julio como el “Día de la Confraternidad Argentina-Boliviana”. Un año antes, Cristina había ascendido post-mortem a Juana Azurduy, del grado de Teniente coronel a General del Ejército Argentino. “Su lucha es un llamado a los pueblos a derrotar en la actualidad al colonialismo interno y externo”, interpretó Evo Morales.
JUANA AZURDUY, UNA HISTORIA
Fruto de la unión de un padre noble y una madre chola, Juana nació en Chuquisaca un 12 de julio de un año emblemático para América: 1780. Se trató del año de la rebelión indígena más importante, comandada por Tupac Amaru II. Su vida fue configurada por los valores de humildad, conciencia política y lucha. Humildad para ser una entre tantos; conciencia política para comprender los pasos estratégicos y determinantes para la liberación de las tierras sojuzgadas por la corona española; y lucha para nuclear las fuerzas de miles de mujeres en una sola espada. Despojada de todas las comodidades que le daba su clase social heredada, decidió volcarse a las guerras por la libertad y la igualdad.
Se crió cabalgando libremente entre campesinos que trabajaban en los campos de su padre. Sin encandilarse por los beneficios sociales, compartió con su gente el honor y sacrificio de la tarea campesina. De niña aprendió la lengua aymara y quechua, y se identificó con el amor a la tierra y a la cultura india; a su vez, fue fuertemente atravesada por las injusticias sociales que sufrían los oprimidos por el sistema colonial. Huérfana de joven, pasó a manos de sus tíos -Petrona Azurduy y Francisco Díaz Valle-, quienes estaban más ocupados en la herencia que en la crianza de las niñas.
Su condición de mujer la sentenció a la educación eclesiástica para convertirse en monja. Pero ese no era su espacio. Tras fuertes discusiones con sus compañeras y directoras de noviciado, fue despedida del Monasterio de Santa Teresa por conductas inapropiadas a los 17 años.
La opresión colonial y las ideas republicanas de Rousseau que circulaban por Chuquisaca marcaron su vida, la cual estuvo llena de sacrificio y entrega a la independencia de los pueblos, abriéndose paso allí donde las mujeres no cabían. A caballo, con lanza en mano, ganó la gloria de quien muestra el valor en el campo de batalla.
Casada con Manuel Padilla, unidos por un amor revolucionario, fueron participes de lo que se llamó el “Primer Grito Libertario de América”, también conocido como el levantamiento de Chuquisaca, ocurrido el 25 de mayo de 1809, y liderado por Bernardo de Monteagudo. Levantamiento que duró poco, pero que no fue derrotado por completo. Padilla y Azurduy eran los caudillos del batallón “Los Leales”, cuerpo que fue creado a partir del reclutamiento realizado por ellos mismos. La derrota de las tropas patrióticas en aquel momento no detuvo las aspiraciones en las luchas revolucionarias. La resistencia aún estaba motivada por un valor más fuerte: la libertad.
Luego de la caída, Azurduy retiró a sus tropas hacia el sur de Chuquisaca, mientras el Ejercito del Norte estaba al mando de Juan José Castelli y Manuel Belgrano. A las órdenes de ellos peleó inagotablemente en las batallas del norte, siendo participe del heroico Éxodo Jujeño. Meses después, junto con Padilla y 6.000 guerrilleros indios y mestizos, sitiaron por segunda vez la ciudad de Chuquisaca. Allí fue herida de bala y Padilla, al tratar de rescatarla, fue asesinado por los realistas.
A pesar de las derrotas en batalla, su bravura y destreza no la hicieron retroceder un paso en su ambición revolucionaria. Luego de pelear a las órdenes de Belgrano, hizo honor a su reputación y sembró el terror entre los soldados españoles en el cerro de Potosí. En inferioridad numérica, venció a las tropas enemigas, mató con sus propias manos al jefe del ejército español y arrebató la bandera del Virrey. Este acto de heroísmo le adjudicó el rango de Teniente Coronel y la entrega de manos de Belgrano de su propio sable, en reconocimiento a su valor.
Tiempo después abandonó el Alto Perú y se unió al ejército del General Güemes, con quien peleó en el norte de las Provincias Unidas del Rio de la Plata. La muerte de Güemes y el triunfo de Sucre en la batalla de Ayacucho en el Alto Perú determinaron la derrota del ejército español. Los realistas le tenían miedo y quienes la vieron en combate aseguraron que era una amazona temeraria, valiente, indomable y salvaje. Los indios la llamaban “Pachamama”.
Ya de grande, con el Alto Perú liberado y declarado como la República de Bolivia, vivió con su única hija viva (sus otros cuatro niños murieron en pleno combate, producto de enfermedades), aquella que nació en el campo de batalla. Simón Bolívar, al ver la situación de pobreza en que vivía, la ascendió al grado de Coronel y le otorgó una pensión en honor a su lucha. El Libertador mostró su humildad:“Este país no debería llamarse Bolivia en mi homenaje, sino Padilla o Azurduy, porque son ellos los que lo hicieron libre”. En 1857, el gobierno conservador de Bolivia se la retira y queda en la mismísima pobreza. Aquella heroína de la libertad a la cual todo le sacaron quedaba entregada al olvido y a la miseria como tantos otros héroes de la patria. A sus 81 años, murió sola y olvidada. Su cuerpo fue arrojado a una fosa común. Recién un siglo después sus restos fueron exhumados y llevados a La Casa de la Libertad, en Sucre.
Su condición de mujer hizo que los libros oficiales la dejaran en la sombra de la historia de la Patria Grande. En la actualidad, la reconstrucción de la identidad latinoamericana le devuelve el lugar de mujer revolucionaria. En Bolivia, la provincia Azurduy de Padilla lleva su nombre, así como el aeropuerto de Sucre. También existe un bono Juana Azurduy de Padilla de ayuda económica para mujeres embarazadas, niños y niñas menores de dos años. El 6 de agosto de 2011, la Asamblea Plurinacional en la Casa de la Libertad, le otorgó el grado póstumo de “Mariscala del Estado Plurinacional de Bolivia” y el presidente Evo Morales posesionó los grados y el sable de Mariscala al pie de sus restos. Todos actos de reparación histórica.
viernes, 3 de julio de 2015
EL FMI, el Banco Mundial y el orden conservador en crisis
Del proteccionismo al libre-cambismo, una
conversión oportunista
Ha-Joon Chang*
Presentado como una panacea para el desarrollo, el libre cambio constituye la referencia común a todas las organizaciones multilaterales (Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial de Comercio, Banco Mundial) y a las instituciones europeas. La historia económica demuestra sin embargo que se trata de un mito sin fundamento puesto que los países libre-cambistas, en primer lugar Estados Unidos y el Reino Unido, han edificado su potencia sobre un proteccionismo que ellos demonizan después. Los partidarios del libre-cambio obtuvieron significativas victorias en las dos últimas décadas. Desde que comenzó la crisis de la deuda, en 1982, y a partir de la imposición de programas de ajuste estructural por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), numerosos países en desarrollo liberalizaron radicalmente su comercio. El derrumbe del comunismo en 1991 abrió grandes espacios al librecambio. En la década de 1990 se firmaron importantes tratados regionales, entre ellos el Acuerdo de librecambio de América del Norte (NAFTA) que reúne a Canadá, Estados Unidos y México. Ese proceso se vio coronado cuando las negociaciones del ciclo Uruguay del Acuerdo general sobre las tasas aduaneras y el comercio (GATT), concluidas en Marrakech en 1994, desembocaron en la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995. Esta no constituye aún un acuerdo de libre-cambio integral, pero ha logrado inclinar el orden comercial mundial del lado del libre-cambio, al reducir sustancialmente las tarifas aduaneras y prohibir las subvenciones relacionadas con el comercio. Por más importantes que sean esos éxitos, los librecambistas no se considerarán satisfechos. En el seno de la OMC, encabezados por los representantes de los países desarrollados, siguen presionando para bajar aún más y más rápido las tarifas aduaneras, y para extender la jurisdicción de la organización a ámbitos que no figuraban en su mandato inicial, como por ejemplo las inversiones en el exterior y la competencia. En materia de acuerdos regionales se perfila la perspectiva de una zona de libre-cambio que abarcaría prácticamente todo el hemisferio occidental: el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Los partidarios del libre-cambio creen ir en el sentido de la historia. Según ellos, esa política es la que produjo la riqueza de los países desarrollados. De allí su crítica a los países en desarrollo que se niegan a adoptar esa receta ya probada. Sin embargo, nada está más lejos de la verdad. Los hechos históricos son inapelables: cuando los países actualmente desarrollados estaban aún en desarrollo, no aplicaron ninguna de las políticas que ahora aconsejan. Y quienes muestran mayor distancia entre aquel mito y la realidad, son, sin duda, Gran Bretaña y Estados Unidos. Haz lo que yo digo… Corresponde comenzar por Gran Bretaña, que no es para nada el ejemplo de libre-cambio que se pretende. Todo lo contrario: ese país utilizó de manera agresiva políticas dirigistas -y en ciertos casos hasta las inventó- para proteger y promover sus industrias estratégicas. Dichas políticas, aunque de un alcance limitado, datan ya del siglo XIV (Eduardo III) y del siglo XV (Enrique VII), en relación con la principal industria de entonces, la de la lana. El país exportaba en esa época la fibra bruta a Holanda, situación que diversos monarcas se esforzaron en modificar, fundamentalmente a través de medidas de protección de las manufacturas nacionales, por medio de tasas a la exportación de lana bruta, y provocando la “fuga” hacia Gran Bretaña de obreros cualificados holandeses (1). Entre 1721 -fecha de la reforma de la política comercial por parte de Robert Walpole, el predecesor de todos los Primeros ministros británicos- y la abrogación de la ley sobre el trigo, en 1846, el reino practicó una política comercial particularmente voluntarista. Durante ese periodo utilizó activamente las protecciones aduaneras, las reducciones de tarifas para los insumos necesarios a las exportaciones, y el control de calidad de las exportaciones por parte del Estado; medidas todas ellas que hoy en día se asocian generalmente con Japón y con los demás países de Asia Oriental. Se trata de un hecho histórico poco conocido: durante todo ese período Gran Bretaña protegió mucho más sus industrias que todos los otros países europeos, incluida Francia, la que se supone era el contra-modelo “dirigista”. Gran Bretaña dio un paso decisivo -aunque incompleto- hacia el libre-cambio, con la abrogación de las leyes sobre el trigo en 1846 (2). Generalmente se considera esa medida como la victoria final de la doctrina liberal clásica sobre un mercantilismo estrecho. Pero ciertos historiadores, especialistas de ese período, ven más bien un acto de “imperialismo librecambista” destinado a “detener el avance de la industrialización del continente a través de una ampliación del mercado de productos agrícolas y de materias primas” (3). Ese fue por otra parte el argumento que desplegaron por entonces los principales voceros de la Anti-Corn Law League (Liga contra las leyes cerealeras), en particular el diputado Robert Cobden. En síntesis, y al revés de lo que suele pensarse, el avance tecnológico de Gran Bretaña, que le permitió convertirse al libre-cambio, había sido obtenido “gracias a barreras aduaneras elevadas, mantenidas durante largos períodos” como lo escribió el gran historiador de la economía Paul Bairoch (4). Fue por esa razón por lo que Friedrich List, el economista alemán del Siglo XIX -considerado equivocadamente como el padre de la argumentación a favor de la protección de las “industrias en período de infancia”- afirmó que la prédica británica a favor del libre-cambio recuerda la actitud de quien, una vez en lo alto, arroja al piso la escalera que había usado, para evitar que los otros suban (kicking away the ladder). Gran Bretaña fue el primer país en lanzar exitosamente una estrategia de promoción a gran escala de sus “industrias en periodo de infancia”, pero fue en Estados Unidos, “patria y bastión del proteccionismo moderno” como dijera Paul Bairoch (5), donde su justificación fue inicialmente elaborada por Alexander Hamilton, primer secretario del Tesoro de la historia del país (de 1789 a 1795), y por el economista hoy en día olvidado Daniel Raymond. Friedrich List, a quien se atribuye esa teoría moderna del proteccionismo, en realidad la conoció durante su exilio en Estados Unidos en la década de 1820. Numerosos intelectuales y responsables políticos estadounidenses del siglo XIX habían comprendido perfectamente que el libre-cambio no se adaptaba a su país, a pesar de que esa idea era contraria a la de grandes economistas de entonces, como Adam Smith y Jean-Baptiste Say. Estos consideraban que Estados Unidos no debía proteger sus industrias manufactureras, y que le convenía más especializarse en la agricultura. Entre la década de 1830 y el fin de la Segunda Guerra Mundial, los derechos aduaneros estadounidenses sobre la importación de productos industriales figuraban entre los más altos del mundo. Si se añade que ese país ya gozaba de un alto grado de protección “natural” por el costo que tenía el transporte hasta la década de 1870, se puede afirmar que la industria estadounidense fue literalmente la más protegidas del mundo hasta 1945. La ley Smoot-Hawley, de 1930, sobre las nuevas tarifas aduaneras, solo aumentó marginalmente el nivel del proteccionismo de la economía. La tarifa aduanera promedio sobre los productos industriales era del 48%, lo que la situaba en lo alto de la franja intermedia de tarifas desde la Guerra de Secesión. Sólo en el breve intermedio “liberal” de 1913 a 1929 la tarifa de 1930 puede ser considerada como un aumento del proteccionismo, mientras que la tarifa promedio sólo fue aumentada en un 11 %, pasando de 37 % a 48 %. En ese contexto hay que recordar que lo que estaba en juego en la Guerra de Secesión no era sólo la cuestión de la esclavitud, sino también -y quizás en mayor medida- la de las tarifas aduaneras. De ambos aspectos, este último era el que más amenazaba al Sur. Abraham Lincoln era un notorio proteccionista que había hecho sus primeras armas a la sombra de un hombre político carismático, Henry Clay, (6) del partido Whig, abogado del “Sistema americano” -basado en el desarrollo de las infraestructuras y en el proteccionismo- y así llamado por que el libre-cambio correspondía a los intereses “británicos”. Además, Lincoln pensaba que los negros constituía una raza inferior, y que su emancipación era sólo una propuesta idealista sin perspectivas de aplicación a corto plazo. En su respuesta al editorial de un periódico que preconizaba la inmediata emancipación de los esclavos, llegó a escribir: “Si yo pudiera salvar la Unión sin liberar ni un solo esclavo, lo haría; y si pudiera salvarla liberándolos a todos, lo haría; y si pudiera hacerlo liberando algunos y dejando a otros donde están, también lo haría” (7). Su proclamación de emancipación del 1° de enero de 1863 tenía menos de convicción moral que de estrategia dirigida a ganar la guerra civil. Sólo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando su supremacía industrial ya estaba sólidamente afirmada, Estados Unidos liberalizó sus intercambios comerciales (aunque francamente menos que los británicos a mediados del siglo XIX) y se erigió en gran promotor del libre-cambio, demostrando a su vez la validez de la metáfora de List. Ulysses Grant, héroe de la Guerra de Secesión y presidente de Estados Unidos de 1868 a 1876, había anticipado esa evolución: “Durante siglos Inglaterra se apoyó en la protección, la practicó hasta límites extremos, y logró resultados satisfactorios. Luego de dos siglos, consideró mejor adoptar el libre-cambio, pues piensa que la protección ya no tiene futuro. Muy bien, señores, el conocimiento que yo tengo de nuestro país me lleva a pensar que, en menos de 200 años, cuando Estados Unidos haya sacado de la protección todo lo que ella puede darle, también adoptará el libre-cambio” (8) Conclusiones idénticas pueden sacarse de la historia de otros países desarrollados. En momentos en que trataban de superar el atraso que los separaba de los más desarrollados que ellos, prácticamente todos aplicaron derechos aduaneros, subvenciones y otras herramientas políticas para promover sus industrias. Resulta curioso comprobar que son las dos potencias anglosajonas -supuestos bastiones del libre-cambio- y no Francia, Alemania o Japón, países considerados los representantes del intervencionismo estatal, quienes utilizan de manera más agresiva las rotecciones tarifarias. Mito y realidad Durante el siglo XIX y comienzos del XX los derechos aduaneros fueron relativamente bajos en Francia y en Alemania (alrededor de 15 a 20%) mientras que los de Japón estuvieron fijados en 5% hasta 1911 según los términos de tratados leoninos. Durante el mismo período, las tarifas aduaneras promedio sobre productos industriales, en Estados Unidos y en Gran bretaña se situaron en una franja de entre 40 % y 50 %... Las únicas excepciones a ese modelo histórico son Suiza y Holanda. Sin embargo se trata de países que habían alcanzado la frontera del desarrollo tecnológico ya en el siglo XVIII, y que por lo tanto ya no tenían necesidad de fuertes protecciones. Por otra parte, hasta el siglo XVII Holanda había desarrollado una impresionante batería de medidas intervencionistas con el objeto de obtener una supremacía comercial y marítima. Suiza, por su parte, no tuvo legislación sobre patentes hasta 1907, lo que parece una burla a la importancia que la ortodoxia actual concede a la protección de la propiedad intelectual. De manera más significativa, Holanda abrogó en 1869 su ley de 1817 sobre las patentes, considerando que constituían monopolios creados por el Estado, y por lo tanto estaban en contradicción con los principios de un mercado libre. Este razonamiento parece escapar a los economistas librecambistas que apoyan el Acuerdo sobre los aspectos de los derechos de propiedad intelectual vinculados al comercio (Adpic, o Trips en inglés) de la OMC. Holanda se dotó de una nueva legislación sobre las patentes en 1912. Si bien las protecciones tarifarias constituyeron un ingrediente crucial en las estrategias de desarrollo de numerosos países, no fueron sin embargo el único componente, ni necesariamente el más importante. Otras muchas herramientas fueron utilizadas con ese fin: subvenciones a las exportaciones, reducción de tasas aduaneras para la importación de insumos necesarios a las exportaciones, concesión de monopolios, carteles, créditos a medida, planificación de las inversiones y de las corrientes de mano de obra, apoyo a la investigación-desarrollo, promoción de instituciones para el fomento de la asociación entre el sector estatal y el privado, etc. Se suele creer que todas esas medidas fueron inventadas por Japón y por los países de Asia oriental luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando en realidad muchas de ellas ya tenían una larga historia. Por último, aun si comparten los mismos principios de base, los países desarrollados combinaron de forma muy diversa las herramientas de política comercial y de política industrial: contrariamente a lo que piensa la mayoría de los economistas librecambistas, no existe un modelo único para el desarrollo industrial. Los pocos de ellos que conocen el pasado proteccionista de los países hoy en día desarrollados, sostienen que esas políticas tuvieron posiblemente algunas consecuencias positivas (muy pocas, insisten en decir) pero que, en el actual mundo globalizado resultan perjudiciales. Afirman que la superioridad del librecambio fue ampliamente demostrada por el crecimiento récord de las últimas dos décadas de liberalización de los intercambios: el mismo habría sido superior al de las décadas precedentes en que reinaba el proteccionismo en los países en desarrollo. Lamentablemente para estos, los hechos reflejan una historia totalmente diferente. Si el libre-cambio hubiera sido tan eficaz, el crecimiento económico hubiera debido acelerarse en el curso de los últimos veinte años, en forma paralela a las medidas de liberalización del comercio. Sin embargo, los hechos muestran lo siguiente: durante los “malos días” de las décadas de 1960 y 1970, cuando existían muchas más protecciones y otras regulaciones, la economía mundial progresaba mucho más rápidamente que hoy en día. En esos “tiempos afortunadamente superados” el ingreso mundial per cápita aumentaba alrededor del 3 % anual, contra 2,3 % durante las dos últimas décadas. En los países desarrollados, el crecimiento del ingreso per cápita retrocedió de 3,2 a 2,2 % comparando 1960-1980 con 1980-1999, mientras que caía de mitad (de 3 a 1,5 %) en los países en desarrollo. Y en este último periodo, de no ser por los buenos resultados de China y de India -dos países que para nada siguieron las recetas liberales- los porcentajes hubieran sido aún más bajos. Además, esa tasa de crecimiento promedio está lejos de reflejar el alcance de la crisis que afectó numerosos países en desarrollo en las dos últimas décadas. En esos años el crecimiento del ingreso per cápita fue prácticamente inexistente en América Latina: 0,6 % contra 3,1 % entre 1960 y 1980. Igual caída en Medio Oriente y en Africa del Norte (- 0,2 % anual) y en Africa sub-sahariana (- 0,7 % anual, contra respectivamente 2,5 y 2 % de 1960 a 1980). Desde que comenzaron su transición hacia el capitalismo, la mayoría de los ex países comunistas registraron las más fuertes caídas de nivel de vida de la historia moderna. En síntesis, la experiencia neoliberal de las últimas dos décadas se mostró simplemente incapaz de cumplir su principal promesa, la aceleración del crecimiento, en nombre de la cual se nos pidió sacrificar todo el resto, desde la simple equidad hasta el medio ambiente. A pesar de ese lamentable fracaso, el dogma liberal sobre las virtudes del libre-cambio sigue imponiéndose gracias a un aparato económico-políticoideológico que, por su tamaño y su poder mundial, sólo puede compararse al del Vaticano en la Edad Media. Merced a su dominio sobre los gobiernos de los países desarrollados más influyentes -en primer lugar Estados Unidos y el Reino Unido- los neoliberales están en condiciones de influir en la agenda política de las instituciones multilaterales, particularmente sobre la “Santa Trinidad” formada por el FMI, el BM y la OMC. Gracias a su enorme poder sobre los medios de comunicación dominantes en todo el mundo, lograron endulzar y a veces hacer desaparecer las informaciones que les molestaban, fundamentalmente las catastróficas cifras del crecimiento. Dado que esas personas ocupan posiciones de poder en los departamentos de economía de las universidades más prestigiosas del mundo, velan para que ningún economista disidente sea admitido en las mismas, evitando así que pueda gozar del consecuente prestigio académico. En los países en desarrollo, el cepo neoliberal es aún más firme. Muchos gobiernos se ven obligados a seguir las políticas del FMI, del BM y de los principales Estados prestamistas, cuyo apoyo financiero les resulta indispensable, a pesar de que esas políticas solo sirven para perpetuar la crisis de desarrollo, que es la raíz de su dependencia. Hay que señalar que esas políticas cuentan también con el apoyo de poderosos intereses locales: los exportadores de productos de base y sus prestatarios de servicios profesionales. Las propuestas de políticas alternativas son cada vez menos frecuentes en esos países, pues los intelectuales no tienen suficiente confianza en si mismos para oponerse a la ortodoxia. Algunos de ellos incluso se pasaron al otro bando, lo que no tiene nada de sorprendente cuando se piensa que una consulta para el FMI o para el BM equivale a varios años de salario en las universidades de la mayoría de los países en desarrollo. Al controlar de esa forma la agenda política e intelectual, los neoliberales tienen todos los medios para oponerse a quienes los critican, y calificarlos de blandos, pusilánimes que se horrorizan ante la idea de generar desigualdades sociales a corto plazo, pero que generarían una mayor riqueza para todos a largo plazo. Otras veces, los tratan de analfabetos económicos, incapaces de entender la realidad... De esa manera se evita cualquier tipo de debate serio, mientras que los disidentes son sistemáticamente ignorados, lo que reconforta la dominación liberal. En esas condiciones, ¿cuál es el futuro del libre-cambio? Al contrario de lo que pretenden sus partidarios, hay excelentes razones teóricas para pensar que la libertad de intercambio entre países de niveles de productividad muy diferentes puede, a corto plazo, beneficiar a los más pobres de ellos al abrirles mercados para la exportación, pero que, al mismo tiempo, hipotecaría su desarrollo a largo plazo al condenarlos a actividades de baja productividad. Esto lo habían entendido perfectamente los responsables políticos de los países que en su tiempo trataban de alcanzar a las naciones más desarrolladas -desde Robert Walpole y Alexander Hamilton en el siglo XVIII, hasta los burócratas japoneses y coreanos de las décadas de 1960 y 1970- cuando rechazaron la vía del libre-cambio. Los acuerdos de libre-cambio que implican a países de niveles de productividad muy diferente, tarde o temprano fracasarán, pues los países pobres tomarán conciencia de que eso no facilita el desarrollo. Los acuerdos entre países de nivel de desarrollo comparable, como el Mercosur en Sudamérica y la Asociación de Naciones de Asia del Sud-Este (Anase) (9), cuyos miembros son mayoritariamente países en desarrollo, tienen más posibilidades de funcionar que el proyecto del ALCA que quiere imponer George W. Bush. Friedrich List no veía ninguna contradicción entre su apoyo al Zollverein, la unión aduanera alemana, y la protección de las “industrias en período de infancia” pues consideraba que los Estados alemanes tenían niveles de desarrollo suficientemente parecidos. La única forma de que funcione correctamente una zona de libre-cambio entre países de niveles de desarrollo muy diferente, es una integración a la manera de la Unión Europea (UE), que implica mecanismos de transferencia de los más ricos a los más pobres, y corrientes de mano de obra en sentido contrario. Esto sólo es posible si los países de economías pobres son pequeños y poco numerosos respecto de los de economías ricas. Si no fuera el caso, los ricos hallarán el acuerdo muy oneroso. Por eso, la ampliación de la Unión Europea podría detenerse frente a las fronteras de Turquía y Ucrania. La OMC en la mira La OMC no es aún un acuerdo de libre-cambio integral, pues autoriza ciertas protecciones para las industrias de los países en desarrollo. Sin embargo, la presión para obtener reducciones de tarifas aduaneras es creciente, fundamentalmente a partir de la propuesta estadounidense de suprimirlas completamente en 2015. En tal hipótesis, los daños que podría causar la OMC al desarrollo de los países más pobres, serían aún mayores que los del NAFTA o los del ALCA, pues las diferencias de niveles de productividad serían aún más considerables. Sin embargo, la OMC tiene atribuciones mucho más amplias que los acuerdos de libre-cambio: se ocupa de la propiedad intelectual, de los mercados oficiales y de las inversiones. De allí los riesgos extra que esa organización implica para el desarrollo de los países pobres. A pesar de ello, la mayoría de esas naciones desean seguir en la OMC, pues la consideran un mal menor, en la medida en que les permite hacerse oír dentro del sistema comercial internacional: teóricamente cada Estado dispone de un voto. La OMC les brinda un mínimo de protección respecto de las presiones bilaterales a favor de la liberalización de sus intercambios con países desarrollados, principalmente con Estados Unidos. Esa situación podría no durar mucho a causa del resentimiento de los países en desarrollo respecto del real funcionamiento de la OMC: aparentemente “democrática”, esa organización está en realidad dirigida por una oligarquía de países ricos. No sólo porque estos últimos disponen del poder implícito de tratar bien o de amenazar a los más débiles, caso corriente en una democracia compuesta por actores de diferente peso: el problema es que los miembros de la citada oligarquía no se preocupan siquiera de las apariencias, como se puede ver en las reuniones llamadas del “salón verde”, donde los representantes de los países en desarrollo no son siquiera invitados, y a las cuales se les prohibe el acceso. Esto permite la adopción de prioridades políticas abiertamente favorables a las economías más poderosas. Si la OMC continua privando a los países pobres de las herramientas necesarias para su desarrollo, no hay que excluir la posibilidad de una retirada masiva de los mismos. A la inversa, esos países podrían tratar de utilizar plenamente los mecanismos democráticos de la organización para tratar de renegociar los parámetros fundamentales. En esa hipótesis, los países más poderosos, y muy particularmente Estados Unidos, que hizo del unilateralismo una doctrina, podrían decidir abandonar la OMC, antes que correr el riesgo de perder en una votación. En ambos casos se habrá terminado con el libre-cambio tal como lo conocemos. Y no será necesariamente algo para lamentar, si se tiene en cuenta el deplorable balance que presenta en las dos últimas décadas. ____________________ * Profesor de la facultad de economía y política de la Universidad de Cambridge (Reino Unido); autor de Kicking Away the Ladder. Development Strategy in Historical Perspective, Anthem Press, Londres, 2002 (Premio Gunnar Myrdal 2003). NOTAS: (1) En un libro casi olvidado, A Plan of the English Commerce (1728), Daniel Defoe, el autor de Robinson Crusoe muestra c ómo los Tudor, particularmente Enrique VII (1485-1509) e Isabel Il (1558-1603) dotaron a Inglaterra -durante mucho tiempo dependiente de sus exportaciones de fibra bruta a Holanda- de la más poderosa industria de lana del mundo, gracias a la intervención deliberada del Estado. (2) Esas leyes -votadas en 1815 por un Parlamento dominado por la aristocracia terrateniente, y a pesar de la oposición de los industriales y de la burguesía urbana- imponían tasas aduaneras muy altas a las importaciones de trigo del continente. (3) Charles Kindleberger, “Germany’s Overtaking of England, 1806 to 1914”, in Economic Response Comparative Studies in Trade, Finance and Growth, Harvard University Press, Cambridge, Massachusets, 1978. (4) Paul Bairoch, Mythes et paradoxes de l’histoire économique, La Découverte, París, 1995. (5) Ibid (6) Henry Clay era también uno de los dirigentes de la American Colonization Society, fundada en 1817, y quien concibió la idea de crear un hogar nacional en Africa para los esclavos liberados. De allí viene el nombre de Liberia dado en 1820 a la nueva República de Africa del Oeste. (7) John Garraty y Mark Carnes, The American Nation. A History of the United States, décima edición, Addison Wesley Longman, Nueva York, 2000. (8) Ibid (9) El Mercosur incluye a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Un acuerdo de libre-cambio (AFTA) vincula igualmente a los países de la Anase: Brunei, Camboya, Indonesia, Laos, Malaisia, Myanmar (Birmania), Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam. Entre estos, sólo Singapur es un país realmente desarrollado, ya que la riqueza de Brunei descansa exclusivamente en el petróleo.
Ha-Joon Chang*
Presentado como una panacea para el desarrollo, el libre cambio constituye la referencia común a todas las organizaciones multilaterales (Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial de Comercio, Banco Mundial) y a las instituciones europeas. La historia económica demuestra sin embargo que se trata de un mito sin fundamento puesto que los países libre-cambistas, en primer lugar Estados Unidos y el Reino Unido, han edificado su potencia sobre un proteccionismo que ellos demonizan después. Los partidarios del libre-cambio obtuvieron significativas victorias en las dos últimas décadas. Desde que comenzó la crisis de la deuda, en 1982, y a partir de la imposición de programas de ajuste estructural por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), numerosos países en desarrollo liberalizaron radicalmente su comercio. El derrumbe del comunismo en 1991 abrió grandes espacios al librecambio. En la década de 1990 se firmaron importantes tratados regionales, entre ellos el Acuerdo de librecambio de América del Norte (NAFTA) que reúne a Canadá, Estados Unidos y México. Ese proceso se vio coronado cuando las negociaciones del ciclo Uruguay del Acuerdo general sobre las tasas aduaneras y el comercio (GATT), concluidas en Marrakech en 1994, desembocaron en la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995. Esta no constituye aún un acuerdo de libre-cambio integral, pero ha logrado inclinar el orden comercial mundial del lado del libre-cambio, al reducir sustancialmente las tarifas aduaneras y prohibir las subvenciones relacionadas con el comercio. Por más importantes que sean esos éxitos, los librecambistas no se considerarán satisfechos. En el seno de la OMC, encabezados por los representantes de los países desarrollados, siguen presionando para bajar aún más y más rápido las tarifas aduaneras, y para extender la jurisdicción de la organización a ámbitos que no figuraban en su mandato inicial, como por ejemplo las inversiones en el exterior y la competencia. En materia de acuerdos regionales se perfila la perspectiva de una zona de libre-cambio que abarcaría prácticamente todo el hemisferio occidental: el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Los partidarios del libre-cambio creen ir en el sentido de la historia. Según ellos, esa política es la que produjo la riqueza de los países desarrollados. De allí su crítica a los países en desarrollo que se niegan a adoptar esa receta ya probada. Sin embargo, nada está más lejos de la verdad. Los hechos históricos son inapelables: cuando los países actualmente desarrollados estaban aún en desarrollo, no aplicaron ninguna de las políticas que ahora aconsejan. Y quienes muestran mayor distancia entre aquel mito y la realidad, son, sin duda, Gran Bretaña y Estados Unidos. Haz lo que yo digo… Corresponde comenzar por Gran Bretaña, que no es para nada el ejemplo de libre-cambio que se pretende. Todo lo contrario: ese país utilizó de manera agresiva políticas dirigistas -y en ciertos casos hasta las inventó- para proteger y promover sus industrias estratégicas. Dichas políticas, aunque de un alcance limitado, datan ya del siglo XIV (Eduardo III) y del siglo XV (Enrique VII), en relación con la principal industria de entonces, la de la lana. El país exportaba en esa época la fibra bruta a Holanda, situación que diversos monarcas se esforzaron en modificar, fundamentalmente a través de medidas de protección de las manufacturas nacionales, por medio de tasas a la exportación de lana bruta, y provocando la “fuga” hacia Gran Bretaña de obreros cualificados holandeses (1). Entre 1721 -fecha de la reforma de la política comercial por parte de Robert Walpole, el predecesor de todos los Primeros ministros británicos- y la abrogación de la ley sobre el trigo, en 1846, el reino practicó una política comercial particularmente voluntarista. Durante ese periodo utilizó activamente las protecciones aduaneras, las reducciones de tarifas para los insumos necesarios a las exportaciones, y el control de calidad de las exportaciones por parte del Estado; medidas todas ellas que hoy en día se asocian generalmente con Japón y con los demás países de Asia Oriental. Se trata de un hecho histórico poco conocido: durante todo ese período Gran Bretaña protegió mucho más sus industrias que todos los otros países europeos, incluida Francia, la que se supone era el contra-modelo “dirigista”. Gran Bretaña dio un paso decisivo -aunque incompleto- hacia el libre-cambio, con la abrogación de las leyes sobre el trigo en 1846 (2). Generalmente se considera esa medida como la victoria final de la doctrina liberal clásica sobre un mercantilismo estrecho. Pero ciertos historiadores, especialistas de ese período, ven más bien un acto de “imperialismo librecambista” destinado a “detener el avance de la industrialización del continente a través de una ampliación del mercado de productos agrícolas y de materias primas” (3). Ese fue por otra parte el argumento que desplegaron por entonces los principales voceros de la Anti-Corn Law League (Liga contra las leyes cerealeras), en particular el diputado Robert Cobden. En síntesis, y al revés de lo que suele pensarse, el avance tecnológico de Gran Bretaña, que le permitió convertirse al libre-cambio, había sido obtenido “gracias a barreras aduaneras elevadas, mantenidas durante largos períodos” como lo escribió el gran historiador de la economía Paul Bairoch (4). Fue por esa razón por lo que Friedrich List, el economista alemán del Siglo XIX -considerado equivocadamente como el padre de la argumentación a favor de la protección de las “industrias en período de infancia”- afirmó que la prédica británica a favor del libre-cambio recuerda la actitud de quien, una vez en lo alto, arroja al piso la escalera que había usado, para evitar que los otros suban (kicking away the ladder). Gran Bretaña fue el primer país en lanzar exitosamente una estrategia de promoción a gran escala de sus “industrias en periodo de infancia”, pero fue en Estados Unidos, “patria y bastión del proteccionismo moderno” como dijera Paul Bairoch (5), donde su justificación fue inicialmente elaborada por Alexander Hamilton, primer secretario del Tesoro de la historia del país (de 1789 a 1795), y por el economista hoy en día olvidado Daniel Raymond. Friedrich List, a quien se atribuye esa teoría moderna del proteccionismo, en realidad la conoció durante su exilio en Estados Unidos en la década de 1820. Numerosos intelectuales y responsables políticos estadounidenses del siglo XIX habían comprendido perfectamente que el libre-cambio no se adaptaba a su país, a pesar de que esa idea era contraria a la de grandes economistas de entonces, como Adam Smith y Jean-Baptiste Say. Estos consideraban que Estados Unidos no debía proteger sus industrias manufactureras, y que le convenía más especializarse en la agricultura. Entre la década de 1830 y el fin de la Segunda Guerra Mundial, los derechos aduaneros estadounidenses sobre la importación de productos industriales figuraban entre los más altos del mundo. Si se añade que ese país ya gozaba de un alto grado de protección “natural” por el costo que tenía el transporte hasta la década de 1870, se puede afirmar que la industria estadounidense fue literalmente la más protegidas del mundo hasta 1945. La ley Smoot-Hawley, de 1930, sobre las nuevas tarifas aduaneras, solo aumentó marginalmente el nivel del proteccionismo de la economía. La tarifa aduanera promedio sobre los productos industriales era del 48%, lo que la situaba en lo alto de la franja intermedia de tarifas desde la Guerra de Secesión. Sólo en el breve intermedio “liberal” de 1913 a 1929 la tarifa de 1930 puede ser considerada como un aumento del proteccionismo, mientras que la tarifa promedio sólo fue aumentada en un 11 %, pasando de 37 % a 48 %. En ese contexto hay que recordar que lo que estaba en juego en la Guerra de Secesión no era sólo la cuestión de la esclavitud, sino también -y quizás en mayor medida- la de las tarifas aduaneras. De ambos aspectos, este último era el que más amenazaba al Sur. Abraham Lincoln era un notorio proteccionista que había hecho sus primeras armas a la sombra de un hombre político carismático, Henry Clay, (6) del partido Whig, abogado del “Sistema americano” -basado en el desarrollo de las infraestructuras y en el proteccionismo- y así llamado por que el libre-cambio correspondía a los intereses “británicos”. Además, Lincoln pensaba que los negros constituía una raza inferior, y que su emancipación era sólo una propuesta idealista sin perspectivas de aplicación a corto plazo. En su respuesta al editorial de un periódico que preconizaba la inmediata emancipación de los esclavos, llegó a escribir: “Si yo pudiera salvar la Unión sin liberar ni un solo esclavo, lo haría; y si pudiera salvarla liberándolos a todos, lo haría; y si pudiera hacerlo liberando algunos y dejando a otros donde están, también lo haría” (7). Su proclamación de emancipación del 1° de enero de 1863 tenía menos de convicción moral que de estrategia dirigida a ganar la guerra civil. Sólo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando su supremacía industrial ya estaba sólidamente afirmada, Estados Unidos liberalizó sus intercambios comerciales (aunque francamente menos que los británicos a mediados del siglo XIX) y se erigió en gran promotor del libre-cambio, demostrando a su vez la validez de la metáfora de List. Ulysses Grant, héroe de la Guerra de Secesión y presidente de Estados Unidos de 1868 a 1876, había anticipado esa evolución: “Durante siglos Inglaterra se apoyó en la protección, la practicó hasta límites extremos, y logró resultados satisfactorios. Luego de dos siglos, consideró mejor adoptar el libre-cambio, pues piensa que la protección ya no tiene futuro. Muy bien, señores, el conocimiento que yo tengo de nuestro país me lleva a pensar que, en menos de 200 años, cuando Estados Unidos haya sacado de la protección todo lo que ella puede darle, también adoptará el libre-cambio” (8) Conclusiones idénticas pueden sacarse de la historia de otros países desarrollados. En momentos en que trataban de superar el atraso que los separaba de los más desarrollados que ellos, prácticamente todos aplicaron derechos aduaneros, subvenciones y otras herramientas políticas para promover sus industrias. Resulta curioso comprobar que son las dos potencias anglosajonas -supuestos bastiones del libre-cambio- y no Francia, Alemania o Japón, países considerados los representantes del intervencionismo estatal, quienes utilizan de manera más agresiva las rotecciones tarifarias. Mito y realidad Durante el siglo XIX y comienzos del XX los derechos aduaneros fueron relativamente bajos en Francia y en Alemania (alrededor de 15 a 20%) mientras que los de Japón estuvieron fijados en 5% hasta 1911 según los términos de tratados leoninos. Durante el mismo período, las tarifas aduaneras promedio sobre productos industriales, en Estados Unidos y en Gran bretaña se situaron en una franja de entre 40 % y 50 %... Las únicas excepciones a ese modelo histórico son Suiza y Holanda. Sin embargo se trata de países que habían alcanzado la frontera del desarrollo tecnológico ya en el siglo XVIII, y que por lo tanto ya no tenían necesidad de fuertes protecciones. Por otra parte, hasta el siglo XVII Holanda había desarrollado una impresionante batería de medidas intervencionistas con el objeto de obtener una supremacía comercial y marítima. Suiza, por su parte, no tuvo legislación sobre patentes hasta 1907, lo que parece una burla a la importancia que la ortodoxia actual concede a la protección de la propiedad intelectual. De manera más significativa, Holanda abrogó en 1869 su ley de 1817 sobre las patentes, considerando que constituían monopolios creados por el Estado, y por lo tanto estaban en contradicción con los principios de un mercado libre. Este razonamiento parece escapar a los economistas librecambistas que apoyan el Acuerdo sobre los aspectos de los derechos de propiedad intelectual vinculados al comercio (Adpic, o Trips en inglés) de la OMC. Holanda se dotó de una nueva legislación sobre las patentes en 1912. Si bien las protecciones tarifarias constituyeron un ingrediente crucial en las estrategias de desarrollo de numerosos países, no fueron sin embargo el único componente, ni necesariamente el más importante. Otras muchas herramientas fueron utilizadas con ese fin: subvenciones a las exportaciones, reducción de tasas aduaneras para la importación de insumos necesarios a las exportaciones, concesión de monopolios, carteles, créditos a medida, planificación de las inversiones y de las corrientes de mano de obra, apoyo a la investigación-desarrollo, promoción de instituciones para el fomento de la asociación entre el sector estatal y el privado, etc. Se suele creer que todas esas medidas fueron inventadas por Japón y por los países de Asia oriental luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando en realidad muchas de ellas ya tenían una larga historia. Por último, aun si comparten los mismos principios de base, los países desarrollados combinaron de forma muy diversa las herramientas de política comercial y de política industrial: contrariamente a lo que piensa la mayoría de los economistas librecambistas, no existe un modelo único para el desarrollo industrial. Los pocos de ellos que conocen el pasado proteccionista de los países hoy en día desarrollados, sostienen que esas políticas tuvieron posiblemente algunas consecuencias positivas (muy pocas, insisten en decir) pero que, en el actual mundo globalizado resultan perjudiciales. Afirman que la superioridad del librecambio fue ampliamente demostrada por el crecimiento récord de las últimas dos décadas de liberalización de los intercambios: el mismo habría sido superior al de las décadas precedentes en que reinaba el proteccionismo en los países en desarrollo. Lamentablemente para estos, los hechos reflejan una historia totalmente diferente. Si el libre-cambio hubiera sido tan eficaz, el crecimiento económico hubiera debido acelerarse en el curso de los últimos veinte años, en forma paralela a las medidas de liberalización del comercio. Sin embargo, los hechos muestran lo siguiente: durante los “malos días” de las décadas de 1960 y 1970, cuando existían muchas más protecciones y otras regulaciones, la economía mundial progresaba mucho más rápidamente que hoy en día. En esos “tiempos afortunadamente superados” el ingreso mundial per cápita aumentaba alrededor del 3 % anual, contra 2,3 % durante las dos últimas décadas. En los países desarrollados, el crecimiento del ingreso per cápita retrocedió de 3,2 a 2,2 % comparando 1960-1980 con 1980-1999, mientras que caía de mitad (de 3 a 1,5 %) en los países en desarrollo. Y en este último periodo, de no ser por los buenos resultados de China y de India -dos países que para nada siguieron las recetas liberales- los porcentajes hubieran sido aún más bajos. Además, esa tasa de crecimiento promedio está lejos de reflejar el alcance de la crisis que afectó numerosos países en desarrollo en las dos últimas décadas. En esos años el crecimiento del ingreso per cápita fue prácticamente inexistente en América Latina: 0,6 % contra 3,1 % entre 1960 y 1980. Igual caída en Medio Oriente y en Africa del Norte (- 0,2 % anual) y en Africa sub-sahariana (- 0,7 % anual, contra respectivamente 2,5 y 2 % de 1960 a 1980). Desde que comenzaron su transición hacia el capitalismo, la mayoría de los ex países comunistas registraron las más fuertes caídas de nivel de vida de la historia moderna. En síntesis, la experiencia neoliberal de las últimas dos décadas se mostró simplemente incapaz de cumplir su principal promesa, la aceleración del crecimiento, en nombre de la cual se nos pidió sacrificar todo el resto, desde la simple equidad hasta el medio ambiente. A pesar de ese lamentable fracaso, el dogma liberal sobre las virtudes del libre-cambio sigue imponiéndose gracias a un aparato económico-políticoideológico que, por su tamaño y su poder mundial, sólo puede compararse al del Vaticano en la Edad Media. Merced a su dominio sobre los gobiernos de los países desarrollados más influyentes -en primer lugar Estados Unidos y el Reino Unido- los neoliberales están en condiciones de influir en la agenda política de las instituciones multilaterales, particularmente sobre la “Santa Trinidad” formada por el FMI, el BM y la OMC. Gracias a su enorme poder sobre los medios de comunicación dominantes en todo el mundo, lograron endulzar y a veces hacer desaparecer las informaciones que les molestaban, fundamentalmente las catastróficas cifras del crecimiento. Dado que esas personas ocupan posiciones de poder en los departamentos de economía de las universidades más prestigiosas del mundo, velan para que ningún economista disidente sea admitido en las mismas, evitando así que pueda gozar del consecuente prestigio académico. En los países en desarrollo, el cepo neoliberal es aún más firme. Muchos gobiernos se ven obligados a seguir las políticas del FMI, del BM y de los principales Estados prestamistas, cuyo apoyo financiero les resulta indispensable, a pesar de que esas políticas solo sirven para perpetuar la crisis de desarrollo, que es la raíz de su dependencia. Hay que señalar que esas políticas cuentan también con el apoyo de poderosos intereses locales: los exportadores de productos de base y sus prestatarios de servicios profesionales. Las propuestas de políticas alternativas son cada vez menos frecuentes en esos países, pues los intelectuales no tienen suficiente confianza en si mismos para oponerse a la ortodoxia. Algunos de ellos incluso se pasaron al otro bando, lo que no tiene nada de sorprendente cuando se piensa que una consulta para el FMI o para el BM equivale a varios años de salario en las universidades de la mayoría de los países en desarrollo. Al controlar de esa forma la agenda política e intelectual, los neoliberales tienen todos los medios para oponerse a quienes los critican, y calificarlos de blandos, pusilánimes que se horrorizan ante la idea de generar desigualdades sociales a corto plazo, pero que generarían una mayor riqueza para todos a largo plazo. Otras veces, los tratan de analfabetos económicos, incapaces de entender la realidad... De esa manera se evita cualquier tipo de debate serio, mientras que los disidentes son sistemáticamente ignorados, lo que reconforta la dominación liberal. En esas condiciones, ¿cuál es el futuro del libre-cambio? Al contrario de lo que pretenden sus partidarios, hay excelentes razones teóricas para pensar que la libertad de intercambio entre países de niveles de productividad muy diferentes puede, a corto plazo, beneficiar a los más pobres de ellos al abrirles mercados para la exportación, pero que, al mismo tiempo, hipotecaría su desarrollo a largo plazo al condenarlos a actividades de baja productividad. Esto lo habían entendido perfectamente los responsables políticos de los países que en su tiempo trataban de alcanzar a las naciones más desarrolladas -desde Robert Walpole y Alexander Hamilton en el siglo XVIII, hasta los burócratas japoneses y coreanos de las décadas de 1960 y 1970- cuando rechazaron la vía del libre-cambio. Los acuerdos de libre-cambio que implican a países de niveles de productividad muy diferente, tarde o temprano fracasarán, pues los países pobres tomarán conciencia de que eso no facilita el desarrollo. Los acuerdos entre países de nivel de desarrollo comparable, como el Mercosur en Sudamérica y la Asociación de Naciones de Asia del Sud-Este (Anase) (9), cuyos miembros son mayoritariamente países en desarrollo, tienen más posibilidades de funcionar que el proyecto del ALCA que quiere imponer George W. Bush. Friedrich List no veía ninguna contradicción entre su apoyo al Zollverein, la unión aduanera alemana, y la protección de las “industrias en período de infancia” pues consideraba que los Estados alemanes tenían niveles de desarrollo suficientemente parecidos. La única forma de que funcione correctamente una zona de libre-cambio entre países de niveles de desarrollo muy diferente, es una integración a la manera de la Unión Europea (UE), que implica mecanismos de transferencia de los más ricos a los más pobres, y corrientes de mano de obra en sentido contrario. Esto sólo es posible si los países de economías pobres son pequeños y poco numerosos respecto de los de economías ricas. Si no fuera el caso, los ricos hallarán el acuerdo muy oneroso. Por eso, la ampliación de la Unión Europea podría detenerse frente a las fronteras de Turquía y Ucrania. La OMC en la mira La OMC no es aún un acuerdo de libre-cambio integral, pues autoriza ciertas protecciones para las industrias de los países en desarrollo. Sin embargo, la presión para obtener reducciones de tarifas aduaneras es creciente, fundamentalmente a partir de la propuesta estadounidense de suprimirlas completamente en 2015. En tal hipótesis, los daños que podría causar la OMC al desarrollo de los países más pobres, serían aún mayores que los del NAFTA o los del ALCA, pues las diferencias de niveles de productividad serían aún más considerables. Sin embargo, la OMC tiene atribuciones mucho más amplias que los acuerdos de libre-cambio: se ocupa de la propiedad intelectual, de los mercados oficiales y de las inversiones. De allí los riesgos extra que esa organización implica para el desarrollo de los países pobres. A pesar de ello, la mayoría de esas naciones desean seguir en la OMC, pues la consideran un mal menor, en la medida en que les permite hacerse oír dentro del sistema comercial internacional: teóricamente cada Estado dispone de un voto. La OMC les brinda un mínimo de protección respecto de las presiones bilaterales a favor de la liberalización de sus intercambios con países desarrollados, principalmente con Estados Unidos. Esa situación podría no durar mucho a causa del resentimiento de los países en desarrollo respecto del real funcionamiento de la OMC: aparentemente “democrática”, esa organización está en realidad dirigida por una oligarquía de países ricos. No sólo porque estos últimos disponen del poder implícito de tratar bien o de amenazar a los más débiles, caso corriente en una democracia compuesta por actores de diferente peso: el problema es que los miembros de la citada oligarquía no se preocupan siquiera de las apariencias, como se puede ver en las reuniones llamadas del “salón verde”, donde los representantes de los países en desarrollo no son siquiera invitados, y a las cuales se les prohibe el acceso. Esto permite la adopción de prioridades políticas abiertamente favorables a las economías más poderosas. Si la OMC continua privando a los países pobres de las herramientas necesarias para su desarrollo, no hay que excluir la posibilidad de una retirada masiva de los mismos. A la inversa, esos países podrían tratar de utilizar plenamente los mecanismos democráticos de la organización para tratar de renegociar los parámetros fundamentales. En esa hipótesis, los países más poderosos, y muy particularmente Estados Unidos, que hizo del unilateralismo una doctrina, podrían decidir abandonar la OMC, antes que correr el riesgo de perder en una votación. En ambos casos se habrá terminado con el libre-cambio tal como lo conocemos. Y no será necesariamente algo para lamentar, si se tiene en cuenta el deplorable balance que presenta en las dos últimas décadas. ____________________ * Profesor de la facultad de economía y política de la Universidad de Cambridge (Reino Unido); autor de Kicking Away the Ladder. Development Strategy in Historical Perspective, Anthem Press, Londres, 2002 (Premio Gunnar Myrdal 2003). NOTAS: (1) En un libro casi olvidado, A Plan of the English Commerce (1728), Daniel Defoe, el autor de Robinson Crusoe muestra c ómo los Tudor, particularmente Enrique VII (1485-1509) e Isabel Il (1558-1603) dotaron a Inglaterra -durante mucho tiempo dependiente de sus exportaciones de fibra bruta a Holanda- de la más poderosa industria de lana del mundo, gracias a la intervención deliberada del Estado. (2) Esas leyes -votadas en 1815 por un Parlamento dominado por la aristocracia terrateniente, y a pesar de la oposición de los industriales y de la burguesía urbana- imponían tasas aduaneras muy altas a las importaciones de trigo del continente. (3) Charles Kindleberger, “Germany’s Overtaking of England, 1806 to 1914”, in Economic Response Comparative Studies in Trade, Finance and Growth, Harvard University Press, Cambridge, Massachusets, 1978. (4) Paul Bairoch, Mythes et paradoxes de l’histoire économique, La Découverte, París, 1995. (5) Ibid (6) Henry Clay era también uno de los dirigentes de la American Colonization Society, fundada en 1817, y quien concibió la idea de crear un hogar nacional en Africa para los esclavos liberados. De allí viene el nombre de Liberia dado en 1820 a la nueva República de Africa del Oeste. (7) John Garraty y Mark Carnes, The American Nation. A History of the United States, décima edición, Addison Wesley Longman, Nueva York, 2000. (8) Ibid (9) El Mercosur incluye a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Un acuerdo de libre-cambio (AFTA) vincula igualmente a los países de la Anase: Brunei, Camboya, Indonesia, Laos, Malaisia, Myanmar (Birmania), Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam. Entre estos, sólo Singapur es un país realmente desarrollado, ya que la riqueza de Brunei descansa exclusivamente en el petróleo.
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